LA IMPORTANCIA DE ELEGIR BIEN
Dime qué le pasa a tu piel y te diré qué activos necesita
A veces pensamos que para mejorar el aspecto de la piel hay que seguir una rutina interminable, cuando quizá el problema está precisamente en no saber qué necesita. Identificar la preocupación concreta puede ser el primer paso para simplificar el neceser y elegir mejor.
¿Tu neceser tiene quince botes distintos y tu piel sigue igual? Nos pasa a casi todas: compramos por probar, no por necesidad, y acabamos con una rutina cara que no ataca nada en concreto.
Antes de añadir un producto más, vale la pena hacer la pregunta al revés: ¿qué le pasa realmente a tu piel? La respuesta es la que decide el activo, no al contrario.
Manchas
Si tienes manchas leves —esas que aparecen tras el verano y con el tiempo se difuminan solas— la vitamina C es un buen punto de partida: se usa habitualmente por la mañana y es un potente antioxidante que ayuda a proteger la piel del estrés oxidativo, además de contribuir a mejorar progresivamente la luminosidad y el aspecto de las manchas. Eso sí: su uso no sustituye nunca al fotoprotector, que sigue siendo la herramienta fundamental para prevenir que la pigmentación empeore.
Si la mancha lleva ahí años y no se va con nada, hay que subir de nivel: niacinamida y ácido tranexámico son activos utilizados para abordar la hiperpigmentación resistente. El tranexámico, no obstante, es un activo que debería pautarse en consulta y conviene individualizar según el tipo de mancha, no combinarlo por libre en casa. Ambos pueden utilizarse de día y de noche según la formulación y la tolerancia de la piel.
Flacidez y arrugas
Aquí el protagonista tiene nombre propio: retinol. Estimula la renovación celular y favorece la producción de colágeno, por lo que puede trabajar a la vez sobre la textura, la firmeza y las líneas finas.
Se recomienda incorporarlo por la noche, especialmente al principio, porque puede provocar irritación y aumentar la sensibilidad de la piel frente al sol. Si es la primera vez que lo usas, mejor no forzar: empezar con dos noches por semana y subir la frecuencia poco a poco para evitar la irritación que hace que tanta gente lo abandone a las dos semanas.
Poros abiertos o sucios
Ya sea que los notes abiertos de toda la vida o más sucios, con puntos negros incluidos, hay dos activos especialmente interesantes, cada uno con una función distinta.
La niacinamida ayuda a regular la producción de sebo, refuerza la barrera cutánea y mejora visualmente el aspecto del poro; mientras que el ácido salicílico es un exfoliante liposoluble que ayuda a eliminar células muertas y a desobstruir el interior del poro. Ambos pueden utilizarse mañana y noche, según la formulación y cómo responda cada piel.
Piel apagada o deshidratada
Si notas falta de luz, líneas finas y esa sensación de piel sedienta aunque te hidrates, el ácido hialurónico es uno de los activos más conocidos: actúa como humectante, ayudando a atraer y retener agua en la piel y mejorando su sensación de confort y elasticidad.
Se puede utilizar de día y de noche, y suele ser bien tolerado por distintos tipos de piel.
El combo ganador
Vitamina C por la mañana y retinol por la noche pueden convertirse en dos activos fundamentales de una rutina, siempre que la piel los tolere y no haya ningún problema que requiera otra estrategia.
La vitamina C aporta acción antioxidante durante el día y el retinol trabaja de noche en renovación, textura y signos de envejecimiento (dos funciones distintas que se complementan bien). Eso sí, ninguno de los dos sustituye al protector solar: sin fotoprotección, ninguna rutina antiedad cumple su función.
Un último apunte
Antes de salir corriendo a comprar los seis botes de la lista, hay que tener en cuenta que estos son los activos más habituales, no una receta cerrada para todo el mundo.
Tener muchos productos no es lo mismo que tener los que tu piel realmente necesita y eso solo lo dice un diagnóstico real, no una lista genérica. Por eso, el primer paso nunca es el neceser, es la consulta con un especialista médico o dermatólogo.