DIFÍCIL DE DEFINIR
Los ojos hazel, también llamados color avellana, son uno de los tonos más difíciles de definir. Su mezcla de pigmentos hace que parezcan cambiar entre marrón, verde o dorado dependiendo de la luz, el entorno o incluso la ropa.
Hay miradas que parecen cambiar de color dependiendo del día. A veces se ven verdes, otras marrones y, en ciertas luces, incluso doradas. Este fenómeno suele ocurrir en las personas con ojos hazel.
Aunque a simple vista puede parecer que el iris cambia de tono, en realidad se trata de una ilusión visual provocada por la combinación de pigmentos y la forma en que la luz interactúa con el ojo.
Los ojos hazel son un color intermedio que mezcla tonos marrones, verdes y reflejos dorados dentro del mismo iris. A diferencia de los ojos azules o marrones, que suelen tener un color uniforme, el hazel presenta una distribución irregular de pigmentos que crea diferentes matices.
Por eso, muchas personas tienen dudas sobre cómo describirlos: pueden parecer marrón claro con destellos verdes o verde oliva con zonas ámbar.
Este tipo de ojos es relativamente poco común. Se estima que alrededor del 5% de la población mundial tiene ojos avellana, lo que contribuye a su fama de rasgo poco habitual.
Aunque muchas personas creen que los ojos hazel cambian de color, lo que realmente ocurre es que varía la forma en que percibimos sus matices.
Esto ocurre por varios factores:
La iluminación es el factor más importante. Cuando la luz incide directamente sobre el iris, los tonos dorados o verdes pueden resaltarse más. En ambientes con menos luz, en cambio, suelen predominar los matices marrones.
El color de los ojos depende de la melanina, el pigmento que también da color a la piel y al cabello. Los ojos hazel tienen una cantidad intermedia de melanina, lo que permite que diferentes tonos se reflejen según cómo incide la luz.
Cuando la pupila se dilata o se contrae —por ejemplo con cambios de luz—, los pigmentos del iris se distribuyen de manera distinta y el ojo puede parecer más claro o más oscuro.
Aunque el color real del ojo no cambia, el entorno puede hacer que ciertos matices destaquen más.
Por ejemplo:
La particularidad de los ojos hazel es que no tienen un único tono dominante. Cada iris puede tener proporciones distintas de verde, marrón o dorado, lo que hace que prácticamente no haya dos iguales.
Más que cambiar de color, lo que hacen es revelar diferentes matices según la luz y el entorno. Y quizá ahí está precisamente su encanto: son ojos que nunca se ven exactamente igual dos veces.