ANTES QUE LA MENOPAUSIA
Aunque a veces se percibe como complicada, la perimenopausia es una etapa fisiológica que puede suponer una oportunidad para mejorar tus hábitos de vida y priorizar el autocuidado. Suele llegar entre los 40 y los 50 años e implica cambios físicos y fisiológicos que hay que atender.
La perimenopausia es la fase de transición que precede a la menopausia y puede durar varios años. Suele comenzar entre los 40 y 50 años, aunque cada mujer lo vive de forma distinta. Durante este tiempo, los niveles hormonales, los estrógenos y la progesterona, fluctúan y aparecen síntomas como sangrados irregulares, sofocos, cambios en el sueño, sequedad vaginal o alteraciones del estado de ánimo.
Lo mejor, es que la mayor parte de las mujeres pueden controlar los síntomas y mejorar su bienestar con pequeños cambios. Por ello, te comparto una guía práctica con aspectos clave:
El objetivo es nutrir el cuerpo y para lograrlo:
El ejercicio regular durante la perimenopausia ayuda a contrarrestar muchos de los cambios de esta etapa, por lo que debe convertirse en una prioridad:
La perimenopausia es un buen momento para ponerse al día con los controles médicos, así que no olvides acudir a tu ginecóloga o matrona:
La base debe ser siempre una buena alimentación, pero si existe algún déficit puede estar recomendado suplementar para encontrar el equilibrio:
Es importante recordar que no todos los suplementos son necesarios ni seguros para todas las mujeres, por lo que siempre conviene consultar con un profesional.
Los cambios que aparecen en la perimenopausia no afectan solo al cuerpo, también a las emociones. Durante muchos años esta etapa ha sido un tabú que ha llevado a muchas mujeres a vivirla en silencio. Hablar de lo que sientes, buscar apoyo en otras mujeres, practicar técnicas de bienestar y mantener tu red social activa puede marcar una gran diferencia en tu calidad de vida.
En resumen, la perimenopausia es un periodo de cambio, pero también una nueva etapa llena de oportunidades que puedes exprimir y disfrutar. Con una alimentación sana y equilibrada, ejercicio como parte de tu rutina, controles médicos adecuados, actividades que te aporten bienestar y, si es necesario, apoyo profesional en suplementación o terapias, es posible transitar esta etapa con positividad.