ENTREVISTA
Así se inventó el succionador de clítoris: un matrimonio, el salón de su casa y cero expectativas
El ingeniero alemán Michael Lenk nos cuenta cómo nació el succionador de clítoris más famoso del mundo, los duros inicios en el salón de su casa y por qué el placer femenino aún arrastra tabúes.
Hay inventos que transforman por completo nuestra forma de hablar de las cosas. Es lo que ocurrió con Womanizer, el succionador de clítoris que revolucionó el bienestar sexual femenino, un ámbito que durante años fue un tema tabú.
Detrás del origen de esta tecnología innovadora no hay una multinacional, sino la mente curiosa de Michael Lenke y su esposa Brigitte. Este ingeniero alemán decidió aplicar todos sus conocimientos para solucionar la brecha del orgasmo.
Aprovechando el estreno de la película que cuenta su historia, charlamos con él sobre los retos de emprender desde casa y el camino que todavía queda por recorrer en el campo del placer femenino.
El origen del succionador de clítoris
La idea nació de la pura observación, sin grandes dramas de por medio. "No fue un momento dramático, sino más bien un proceso de curiosidad", explica Lenke al recordar cómo descubrió que existía una brecha del orgasmo entre hombres y mujeres. "Me encontré con investigaciones que hablaban de esta diferencia y me sorprendió lo grande que era durante las relaciones en pareja".
Su deformación profesional le llevó a buscar una solución técnica en lugar de resignarse. "Como ingeniero, me pregunto si los problemas se abordan de la forma correcta. Mi primer pensamiento no fue que hubiera algo mal en las mujeres, sino si los productos existentes realmente se habían diseñado pensando en las necesidades femeninas", confiesa. Esa incómoda pregunta fue el motor definitivo de su invento.
Al principio, las expectativas comerciales eran nulas. "Mi enfoque estaba en si la idea podía funcionar técnicamente. No pensaba en construir una empresa internacional ni en cambiar una industria. El objetivo era crear un producto que ofreciera una experiencia distinta y resolviera un problema que otros no habían resuelto bien", asegura. La verdadera magnitud del proyecto les sorprendió poco después: "Solo más tarde, tras escuchar las reacciones de las mujeres que probaron los prototipos, nos dimos cuenta de que quizás había algo mucho más grande ahí".
Del salón de casa a los talleres
Antes de convertirse en un fenómeno de masas, la rutina de Womanizer distaba mucho de ser idílica. Michael y Brigitte gestionaban los pedidos rodeados de cajas en su propia vivienda. "Fue mucho menos glamuroso de lo que la gente imagina", recuerda. "Durante bastante tiempo fuimos nosotros dos ocupándonos de casi todo. Probábamos productos, hablábamos con fabricantes, respondíamos correos y empaquetábamos desde casa. Mirando atrás, no puedo creer que dirigiéramos este negocio desde nuestro salón sin ninguna ayuda".
El crecimiento fue tan vertiginoso que la casa se les quedó pequeña. "La empresa crecía muy rápido y, en cierto momento, se volvió demasiado para nosotros", admite. A pesar del agobio, Lenke valora positivamente aquella etapa: "La ventaja fue que nos mantuvimos muy cerca de las clientas. Escuchábamos directamente lo que les gustaba, lo que querían mejorar y qué dudas tenían".
El camino hacia la producción en masa tampoco fue fácil, entre fallos de diseño y los propios prejuicios de la industria. "El primer reto fue técnico: crear algo que funcionara de forma consistente. Los primeros prototipos no tuvieron mucho éxito y requirieron muchísima iteración", desvela. Después tocó enfrentarse al mercado asiático, donde el bienestar sexual seguía siendo un tema tabú: "Para abrir la conversación con los fabricantes en China, a menudo decíamos que Womanizer era un producto cosmético en lugar de un dispositivo de bienestar sexual".
Visibilidad no es lo mismo que comprensión
Hoy en día estos juguetes son habituales en las mesitas de noche de muchas mujeres, pero Lenke se muestra cauto sobre el fin de los tabúes. "Han cambiado muchas cosas y la conversación es mucho más abierta hoy, pero no creo que el trabajo esté terminado", reflexiona.
Para el alemán, la normalización en los medios es solo la superficie. "Hay más visibilidad ahora, pero la visibilidad no es lo mismo que la comprensión. El placer femenino y la salud sexual siguen siendo áreas donde muchas personas reciben una educación limitada. Aunque el tabú se ha roto en muchos países, también hay muchas culturas donde las mujeres no pueden descubrir su propia sexualidad libremente".
Por eso, tiene claro que la tecnología erótica todavía tiene margen de mejora. "La innovación está lejos de haber terminado. Hoy existen más productos, lo cual es positivo, pero la verdadera oportunidad está en seguir comprendiendo mejor las experiencias de las mujeres".
A pesar de las asignaturas pendientes, se despide con optimismo: "El cambio más alentador es que las conversaciones han pasado de si las mujeres deberían hablar de placer, a cómo las mujeres pueden entender mejor su propio placer y vivirlo".