¿UNA U OTRA?
La batalla beauty del momento: diferencias entre la vitamina C y la niacinamida
Ambos activos son antioxidantes y ayudan a mejorar la luminosidad de la piel, pero cada uno tiene beneficios específicos según el tipo de piel y las necesidades faciales.
La vitamina C y la niacinamida se han convertido en dos de los ingredientes más populares dentro del mundo del skincare. Están presentes en sérums, cremas hidratantes y tratamientos faciales de todo tipo y son protagonistas habituales en redes sociales y rutinas de belleza.
Sin embargo, la duda sigue siendo la misma para muchas personas: ¿cuál de las dos es mejor? Aunque ambos activos comparten propiedades antioxidantes y ayudan a mejorar el aspecto de la piel, sus funciones no son exactamente iguales. Mientras uno destaca por su capacidad para iluminar y estimular el colágeno, el otro se ha convertido en el gran aliado de las pieles sensibles y con tendencia a la irritación.
Qué tienen en común la niacinamida y la vitamina C
La vitamina C y la niacinamida comparten una característica fundamental: ambas son antioxidantes. Esto significa que ayudan a combatir los radicales libres, unas moléculas responsables del estrés oxidativo y del envejecimiento prematuro de la piel.
Además, como explica la cosmetóloga Raquel González, ambos ingredientes tienen otro punto en común: "influyen en la producción de melanina y contribuyen a tener más luminosidad y menos manchas".
Por eso se han convertido en dos de los activos más utilizados dentro de las rutinas faciales enfocadas en prevenir el envejecimiento y mejorar la calidad de la piel.
Vitamina C: luminosidad y producción de colágeno
La vitamina C es uno de los ingredientes más recomendados cuando el objetivo es combatir el fotoenvejecimiento y recuperar la luminosidad.
Según explica Irene Serrano, directora dermocosmética de Dermalogica, su principal ventaja es que "favorece la producción de nuevo colágeno y elastina". Además, ayuda a proteger frente al daño ambiental y potencia el efecto de la protección solar.
Por eso, suele recomendarse especialmente en pieles apagadas, con pérdida de firmeza o signos de fatiga.
Niacinamida: el ingrediente favorito de las pieles sensibles
La niacinamida, también conocida como vitamina B3, se ha convertido en uno de los ingredientes más populares para tratar pieles sensibles, reactivas o con tendencia al acné.
Tal y como explica Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8, "tiene más acción calmante y antiinflamatoria", lo que la convierte en una opción especialmente interesante para pieles que buscan equilibrio y tolerancia.
Además, mejora la textura de la piel y contribuye a minimizar la apariencia de los poros.
¿Se pueden combinar en la misma rutina?
Las expertas son claras: sí, se pueden combinar. No son ingredientes que choquen entre sí: porque uno no le resta al otro ni altera su estabilidad.
De hecho, combinarlas ayuda a sumar acción antioxidante, mejorar la luminosidad y potenciar un tono más uniforme, además de reducir la pigmentación.
Entonces, ¿cuál es mejor?
La respuesta depende de las necesidades de cada piel. Ninguna es mejor que la otra, sino que su elección depende del objetivo: la vitamina C destaca en firmeza y luminosidad, mientras que la niacinamida es ideal para pieles sensibles o con rojeces.
La vitamina C es la mejor opción cuando se busca mejorar el colágeno y combatir el estrés oxidativo, mientras que la niacinamida resulta más equilibrante.
Cómo incluirlas en la rutina facial
Las expertas recomiendan utilizar vitamina C por la mañana por su acción antioxidante y protectora frente al entorno.
La niacinamida, en cambio, suele incorporarse en la rutina de noche, especialmente combinada con retinoides como el retinol o retinal, ya que ayuda a reducir la irritación y mejora la tolerancia de la piel.
Ni la vitamina C ni la niacinamida son mejores entre sí. Ambas cumplen funciones diferentes y complementarias, y juntas pueden convertirse en una de las combinaciones más eficaces para conseguir una piel más luminosa, equilibrada y saludable.