LO MEJOR Y LO PEOR
Hay vitaminas que se ingieren y no tienen ninguna repercusión negativa en el organismo. Otras, en cambio, tienden a acumularse y requieren de más control. Aquí tienes un resumen fácil para que sepas qué función tiene cada tipo de vitamina y cuáles podrían funcionar mejor en cada caso.
Las vitaminas se dividen en 2 tipos en función de su solubilidad. Esto determina su forma de absorción, almacenamiento y eliminación, así como su función en el organismo. A pesar de que algunas de ellas se adquieren sin receta, nunca hay que automedicarse y siempre deben de estar pautadas por un profesional sanitario, en función de las necesidades de cada persona.
Son aquellas vitaminas que se disuelven en agua y que se excretan por vía urinaria a través del riñón, de forma diaria, por eso no existe riesgo de acumulación.
No se almacenan en grandes cantidades en el cuerpo, por ello se requiere de su consumo de forma regular a través de la dieta con frutas y verduras o de suplementos nutricionales que las contengan.
A excepción de la vitamina B12 que puede almacenarse en el hígado.
Tenemos vitaminas C y del grupo B:
1. Vitamina C (Ácido ascórbico): Se trata de un potente antioxidante, también contribuye a la formación de colágeno y nos ayuda a mejorar nuestro sistema inmunológico.
2. Vitaminas del grupo B:
Como hemos hablado anteriormente, las vitaminas hidrosolubles no tienen riesgo de acumulación, en cambio, las liposolubles sí, por lo que hay que tener especial cuidado con el consumo de ellas.
Son aquellas que se disuelven en grasa y se absorben con la ayuda de las grasas de los alimentos. Se almacenan en el hígado y el tejido adiposo (la grasa que tenemos acumulada) y un consumo excesivo podría causar hipervitaminosis con posible toxicidad por acumulación en el organismo.
Hay que tener cuidado con pacientes que tomen anticoagulantes, porque las vitaminas liposolubles interaccionan con estos medicamentos.