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Salud mental

Galicia convierte las aulas en una barrera contra el suicidio juvenil: "Hablar de salud mental en el entorno educativo cambia el futuro"

La comunidad gallega es la primera de España en implantar el modelo internacional YAM en centros educativos, un programa pionero avalado por la OMS con financiación del Fondo Social Europeo.

Un aula de colegio vacíaFreepik

Galicia ha decidido entrar en las aulas para hablar de aquello de lo que durante décadas apenas se hablaba: ansiedad, depresión, autolesiones, acoso, miedo, soledad y suicidio. Lo hace con un proyecto pionero en España, impulsado por el Sergas y desarrollado en colaboración con la Consellería de Educación, que convierte a los propios adolescentes en protagonistas de la prevención de la salud mental.

El programa se llama YAM (Youth Aware of Mental Health) y no es una experiencia cualquiera. Se trata del único modelo de prevención del suicidio juvenil avalado científicamente por la Organización Mundial de la Salud y por Save the Children que ha demostrado eficacia en la reducción de conductas suicidas en adolescentes. Galicia es, además, la primera y única comunidad autónoma española que lo ha implantado de forma estructural.

"Queríamos acercar el bienestar emocional y la prevención del suicidio a los centros educativos", explica Almudena Díaz, subdirectora xeral de Saúde Mental del Sergas. "Los anteriores responsables de la subdirección conocían el programa del Instituto Karolinska de Suecia y vieron que era el único con evidencia científica real. Ahí entendimos que teníamos que apostar por él".

La iniciativa está cofinanciada en un 95% por el Fondo Social Europeo, dentro de una apuesta estratégica por la prevención en salud mental en una comunidad especialmente sensible a esta problemática. Galicia mantiene desde hace años una de las tasas de suicidio más elevadas del país y, aunque el programa se dirige específicamente a adolescentes de entre 13 y 17 años, el objetivo va mucho más allá de esa franja de edad.

"Hablar de salud mental en el entorno educativo cambia el futuro", sostiene Díaz. "Antes no se sabía que fumar era malo porque nadie lo explicaba. Con la salud mental ocurre algo parecido. Si educamos desde edades tempranas sobre ansiedad, depresión o gestión emocional, estamos generando una sociedad más preparada para pedir ayuda y cuidar de los demás. Queremos que los adolescentes y los futuros adultos aprendan a pedir ayuda".

Desde su puesta en marcha, YAM no ha dejado de crecer. El primer curso participaron 34 centros educativos; el siguiente fueron 39; y este año el programa ya alcanza 91 colegios e institutos. En total, 164 centros gallegos, públicos, concertados y privados.

La cifra de alumnado participante asciende a 7.000 adolescentes, aunque el objetivo final es llegar a todos los estudiantes gallegos de 3º de ESO antes de 2028, alrededor de 20.000 jóvenes.

La participación requiere autorización familiar y consentimiento del propio alumnado. El programa no funciona como una charla tradicional. El alumnado participa activamente a través de debates, dinámicas y representaciones teatrales sobre situaciones reales relacionadas con la salud mental.

"Ese es precisamente el gran cambio", explica Antía Sánchez, psicóloga del programa. "En otras intervenciones el alumno era un sujeto pasivo. Aquí son ellos quienes hablan, quienes plantean situaciones y quienes reflexionan sobre lo que sienten".

El modelo se desarrolla en cinco sesiones repartidas durante tres semanas. Se abordan conceptos básicos sobre bienestar emocional, depresión y suicidio, pero también conflictos cotidianos que atraviesan los adolescentes: bullying, presión social, ansiedad, relaciones personales o acoso en redes sociales.

"Trabajamos mucho la relación entre emociones, conductas y consecuencias", señala Andrea Bello, psicóloga del proyecto. "No se trata de decirles qué está bien o mal, sino de ayudarles a pensar, a identificar recursos y a comprender que pedir ayuda puede evitar que un problema se cronifique".

El programa insiste constantemente en la confidencialidad. Ni profesorado ni orientadores participan dentro de las sesiones. Solo están presentes los instructores y un ayudante especializado encargado de detectar posibles situaciones de ansiedad o malestar durante las dinámicas.

Ese clima de confianza provoca que muchos adolescentes hablen por primera vez de cuestiones que nunca habían compartido. "A veces descubren situaciones personales de compañeros que desconocían completamente", explica Almudena Díaz. "Se crean vínculos muy fuertes porque sienten que, por fin, tienen un espacio donde pueden hablar sin miedo", afirma Antía Sánchez.

Aunque YAM es un programa preventivo y no terapéutico, las sesiones permiten en ocasiones detectar situaciones de riesgo que hasta ese momento habían pasado desapercibidas. "Si vemos una situación preocupante, hablamos primero con el adolescente y después, siempre con su conocimiento y consentimiento, activamos la comunicación con el centro educativo", explica Andrea Bello.

Galicia cuenta actualmente con un protocolo específico de atención a la conducta suicida en el ámbito educativo coordinado entre Sanidad y Educación. Cuando aparece una alerta, el centro puede activar mecanismos de intervención y derivación a servicios especializados.

Sin embargo, las psicólogas reconocen que muchas veces el mayor impacto no está en detectar cuadros graves, sino en ofrecer acompañamiento emocional.

"Los adolescentes agradecen muchísimo poder hablar con adultos que no forman parte de su entorno habitual", apunta Antía Sánchez. "Muchas veces simplemente necesitan sentirse escuchados".

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