Jóvenes y contenidos digitales
Según un estudio de la Universidad Complutense y The Family Watch, el 44% de los menores de 12 años consume pornografía. La investigación alerta del acceso cada vez más temprano a contenidos digitales peligrosos y señala la falta de supervisión parental.
El 44% de los menores de 12 años consume contenido pornográfico, según revela el estudio 'Jóvenes y contenidos digitales: pornografía, violencia explícita, hipersexualización' elaborado por investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid junto a The Family Watch. La investigación analiza cómo se produce la exposición de adolescentes españoles a contenidos digitales considerados peligrosos o inadecuados.
El informe sitúa entre los 12 y 13 años el periodo de mayor vulnerabilidad, ya que entre un 40% y un 50% de los jóvenes tiene durante esa etapa su primera exposición a este tipo de contenidos. La pornografía y la violencia explícita en videojuegos destacan como los contenidos más consumidos antes de los 12 años.
El estudio realizado a partir de testimonios de jóvenes entre 16 y 29 años, señala que la adolescencia temprana coincide con la adquisición del primer teléfono móvil, que suele producirse alrededor de los 12 años. A ellos se suman factores como la curiosidad, la presión social o la falta de supervisión adulta.
Uno de los principales datos que recoge la investigación es la escasa supervisión parental en el uso de dispositivos digitales. Solo un 32,5% de los encuestados asegura haber tenido algún tipo de control en su móvil durante la adolescencia. Además, el informe refleja que los contenidos más perjudiciales para el bienestar emocional y personal suelen consumirse en espacios privadas del hogar. Un 44,8% accede a contenido pornográfico desde su habitación y un 48% visualiza contenidos relacionados con autolesiones en ese mismo entorno.
El colegio también aparece como uno de los escenarios principales para el consumo de contenidos agresivos (28,4%) y sexuales (27,7%) entre adolescentes.
La investigación reclama una mayor implicación de familias, centros educativos y empresas tecnológicas para reducir la exposición temprana de menores a contenidos peligrosos en Internet. Entre las medidas planteadas destacan el refuerzo de la educación afectivo-sexual y digital; el establecimiento de límites y supervisión en el uso de los dispositivos móviles; la incorporación de controles parentales y herramientas de seguridad más accesibles en plataformas. Además, señalan la importancia de una educación basada en la confianza dentro de los hogares y una educación digital en los entornos escolares.
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