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Trump arremete contra la OTAN y la UE y logra reforzar la unidad europea en plena crisis con sus aliados

El expresidente estadounidense critica la falta de apoyo en la guerra contra Irán y cuestiona la utilidad de la Alianza Atlántica, mientras aumentan las tensiones con líderes europeos y se debilitan antiguos apoyos en el continente

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus críticas contra la OTAN, a la que acusa de no haber respaldado a Washington en el contexto de la guerra contra Irán, en un nuevo episodio que profundiza la brecha entre el mandatario y sus tradicionales aliados europeos.

"Si algo nos ha enseñado la OTAN —y espero que todos lo hayan visto— es que no han estado ahí para nosotros. […] Debemos valernos por nosotros mismos. No podemos depender de países ni fuentes externas", afirmó Trump, insistiendo en una línea discursiva cada vez más crítica con la Alianza Atlántica.

El dirigente estadounidense fue más allá al asegurar que Estados Unidos ha asumido durante décadas un coste desproporcionado para garantizar la seguridad europea. "Tenemos muy malos aliados en la OTAN. Hemos gastado miles de billones de euros para protegerlos. Por sus acciones, ya no tenemos que estar allí", sostuvo, cuestionando abiertamente el compromiso de Washington con la organización.

Las tensiones se han agravado tras la negativa de algunos países aliados a facilitar el uso de bases militares en el contexto del conflicto con Irán. El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que la situación obliga a replantear la alianza: "Si la OTAN solo consiste en que nosotros defendamos a Europa cuando les atacan, pero luego ellos nos deniegan el uso de sus bases cuando lo necesitamos, no es un gran pacto. Deberíamos reevaluar la alianza".

Estas declaraciones contrastan con los esfuerzos del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, por mantener una relación fluida con Trump. "Estamos muy agradecidos de tener a Donald Trump, me impresiona su liderazgo", señaló recientemente, en un intento de rebajar la tensión.

El distanciamiento no se limita a la OTAN. Trump también ha dirigido duras críticas contra la Unión Europea, a la que acusó de haberse creado "para aprovecharse de Estados Unidos" y calificó de "muy desagradable".

Como muestra de este deterioro, el mandatario ha reavivado su polémica propuesta de anexionarse Groenlandia, territorio dependiente de Dinamarca. "Un día u otro, Groenlandia será nuestro2, afirmó, provocando el rechazo inmediato de Copenhague.

En el plano político europeo, Trump ha visto debilitarse algunos de sus apoyos. Ha perdido la sintonía con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y especialmente con la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni, tras sus críticas al Papa. "No me gusta, no soy muy fan del Papa", declaró Trump, en referencia al pontífice Papa Francisco.

Meloni respondió con dureza y calificó de "inaceptables" las declaraciones del presidente estadounidense sobre el Pontífice, marcando distancia con quien había sido uno de sus aliados ideológicos en Europa.

El creciente enfrentamiento con socios europeos ha tenido un efecto inesperado: reforzar la cohesión dentro de la Unión Europea frente a las amenazas de Washington. Analistas apuntan a que las críticas de Trump, lejos de dividir al bloque, han contribuido a estrechar la cooperación entre los Estados miembros en materia de defensa y política exterior.

En este contexto, la relación transatlántica atraviesa uno de sus momentos más delicados en años, marcada por la desconfianza mutua y el cuestionamiento del papel histórico de Estados Unidos como garante de la seguridad europea.

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