Elecciones Aragón
El adelanto del 8 de febrero consolida a los populares como primera fuerza, pero obliga a pactos en una Cámara fragmentada
Aragón afronta el próximo 8 de febrero una convocatoria electoral inédita. Por primera vez, la comunidad celebra elecciones autonómicas anticipadas tras la decisión del presidente, Jorge Azcón, de disolver las Cortes ante la imposibilidad de aprobar los presupuestos. El adelanto sitúa a la comunidad en el centro del calendario político y abre una campaña breve, marcada por la fragmentación parlamentaria y por un electorado con un elevado grado de volatilidad.
Las Cortes de Aragón están compuestas por 67 diputados, lo que fija la mayoría absoluta en 34 escaños. En las elecciones de 2023, el Partido Popular fue la fuerza más votada, aunque lejos de ese umbral, lo que obligó a un acuerdo para garantizar la investidura. Ese precedente condiciona ahora una cita en la que ningún bloque parte con una mayoría asegurada.
La encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas refuerza la posición de salida de los populares. Según este estudio, el PP obtendría un 35,3% de probabilidad de voto, por delante del PSOE, que alcanzaría el 26,7%, y de Vox, con un 15,1%. Por detrás se situarían Chunta Aragonesista (6,9%), IU-Movimiento Sumar (5%), Podemos-AV (2,5%) y Teruel Existe (2,2%), mientras que el PAR quedaría sin representación.
En términos de escaños, el CIS dibuja una horquilla de entre 25 y 29 diputados para el PP, frente a los 17-23 del PSOE y los 10-13 de Vox. El resto de fuerzas se repartirían un número reducido de actas, lo que refuerza la idea de un Parlamento muy ajustado.
Con estos datos, el PP ganaría las elecciones, pero no podría gobernar en solitario. La suma con Vox sí permitiría alcanzar la mayoría absoluta, lo que convierte a la formación de derecha radical en un socio clave para la gobernabilidad.
La fragmentación se mantiene en el resto del arco parlamentario, donde cada escaño puede resultar decisivo en la investidura y en la aprobación de futuras iniciativas.
El CIS también refleja un comportamiento electoral cambiante. Solo el 22,1% de los aragoneses afirma votar siempre al mismo partido, mientras que un 54,1% decide su voto en función del momento político. Esta falta de fidelización añade incertidumbre a la recta final de la campaña.
En cuanto a la valoración del Gobierno autonómico, un 39,5% califica su gestión como buena o muy buena, frente a un 22,5% que la considera mala o muy mala, con un amplio segmento que la sitúa en un término medio.
Con este panorama, Aragón se encamina hacia una noche electoral abierta. El PP parte con ventaja, pero la gobernabilidad dependerá del equilibrio final entre bloques y de la capacidad para articular pactos estables en una Cámara fragmentada.
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