Adamuz
El expresidente cuestiona la puntualidad ferroviaria, el liderazgo político y el uso del decreto ley, y alerta del desgaste social.
El deterioro del servicio ferroviario y la percepción ciudadana sobre su funcionamiento centraron una parte relevante de la intervención de Felipe González, que aseguró haber escuchado en numerosas ocasiones que España atraviesa "el mejor momento del AVE", aunque contrapuso ese mensaje con la experiencia diaria de los usuarios. "Los trenes no llegan a tiempo", afirmó de forma tajante, subrayando la distancia entre el discurso oficial y la realidad del servicio.
Más adelante, insistió en que no se trata solo del accidente reciente, sino de un problema estructural ligado al mantenimiento. A su juicio, "no es lo mismo alta velocidad que velocidad alta" y advirtió de que, si los trenes deben frenar o detenerse de forma constante, debería comunicarse con claridad. "¿De qué sirve tener alta velocidad si no va a la velocidad que se merece?", se preguntó, alertando del impacto en el prestigio del sistema ferroviario. Además, ha explicado: "Los que han dimitido son la gente que sabe... y si los que saben no lo han evitado mejor que se vayan".
El análisis se extendió al clima social y político. El entrevistado señaló que el estado de ánimo de la ciudadanía es "totalmente negativo", pese a los datos macroeconómicos. Reconoció que España crece más que otros países, pero advirtió de que ese crecimiento "no impide que seamos una potencia con mayor pobreza infantil".
También cuestionó el liderazgo del Ejecutivo y la asunción de responsabilidades. Criticó que, tras los problemas en Rodalies, se haya despedido a cargos intermedios, mientras que las decisiones de mayor nivel no tienen consecuencias. "Nunca es el que manda, siempre es el segundo", lamentó, preguntándose en qué momento "escalará la responsabilidad a los niveles superiores".
En materia presupuestaria, expresó su frustración por la falta de estabilidad y vinculó el futuro de las cuentas públicas a decisiones externas. Según dijo, el escenario ha llevado a que "dependa de lo que diga Carles Puigdemont", una situación que, en su opinión, refleja una ausencia de liderazgo político.
Sobre inmigración, defendió la regularización como una práctica habitual en España, aunque advirtió de los riesgos si no se gestiona adecuadamente. "Si no se hace bien, podemos tener problemas europeos muy serios", afirmó. Aun así, se mostró partidario de la medida y expresó dudas sobre su ejecución: "¿Creo que lo hará bien? Ojalá, pero sería la primera cosa que haga bien este Gobierno".
Síguenos en nuestro canal de WhatsApp y no te pierdas la última hora y toda la actualidad en nuestro perfil de Google.