En tierra lejana | 23 de marzo
“¡Nadie me contrata!”: Sadakat boicotea a Alya para dejarla atrapada en la mansión
Alya ha ido a los hospitales de Mardin buscando trabajo, pero ha descubierto que su suegra ha movido sus hilos para cerrarle todas las puertas.
El sueño de Alya de volver a ejercer como médica se ha convertido en una pesadilla. Después de recorrer los hospitales de Mardin, la doctora ha comprobado que nadie se atreve a contratarla. No es casualidad ni mala suerte: el apellido Albora pesa demasiado, y el miedo a enfrentarse al clan ha hecho que todas las puertas se le cierren en la cara.
Desesperada y cada vez más acorralada, Alya ha terminado enfrentándose a Cihan convencida de que él estaba detrás de todo. Pero la sorpresa ha llegado cuando él le ha confesado que esta vez no ha sido suyo el golpe, sino de Sadakat. “Mi madre ha hecho unas llamadas”, le ha admitido.
La jugada de Sadakat es tan simple como despiadada: sin empleo, sin dinero y sin independencia, Alya tiene muchas menos posibilidades de escapar de esa casa. La matriarca no quiere verla en un hospital ni con una bata blanca; la quiere en la mansión, controlada, vigilada y cada vez más dependiente.
Cihan, intentando que entre en razón, le ha pedido que deje de luchar contra algo que considera imposible. Le ha advertido de que, aunque consiguiera trabajo, Sadakat no dejaría de perseguirla y convertiría su vida en el hospital en otro infierno. Pero Alya no está dispuesta a resignarse.
Como si pudiera arreglarlo todo con dinero, Cihan le ha propuesto abrirle una clínica privada. Pero esa salida solo ha empeorado las cosas. Alya no quiere regalos ni favores del clan, y mucho menos una cadena más disfrazada de ayuda. “No quiero tu dinero, la abriré yo misma cuando pueda”, le ha respondido tajante, dejando claro que lo que busca no es comodidad, sino libertad.
