ACTÚA Y DENUNCIA
No deja marcas en la piel, pero sí en el alma. La violencia de género digital es una forma de control y maltrato tan real como la física, aunque se camufle tras pantallas, notificaciones y redes sociales. Estas son las señales de alerta que no debes pasar por alto en tu relación.
En la violencia de género digital, muchas veces no hay amenazas directas ni insultos evidentes. A veces se disfraza de "preocupación", de "quiero saber de ti", de "solo lo hago porque te quiero". Pero detrás de ese aparente cariño se esconde el control, la desconfianza y la manipulación que limita la libertad de quien lo sufre.
El cyberstalking es, según la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, "una forma de limitación de la libertad que genera dominación y relaciones desiguales entre hombres y mujeres que tienen o han tenido una relación afectiva; supone una dominación sobre la víctima mediante estrategias humillantes que afectan a la privacidad e intimidad, además del daño que supone a su imagen pública".
El problema es complejo, en la era de la hiperconexión, donde todo lo compartimos y documentamos online, este tipo de control puede normalizarse hasta confundirse con una muestra de amor o de interés. Pero lo cierto es que ningún gesto que limite tu libertad, que imponga, que vigile o que te haga sentir miedo, ansiedad o culpa, debería formar parte de una relación sana.
Cuando el amor se convierte en vigilancia, frases como "enséñame ese chat", "mándame tu ubicación", o enfados porque no se responde "al momento" deberían levantar todas las alarmas. Estos son algunos de los signos que delatan una relación en la que la libertad digital y la libertad personal está siendo violentada:
Desde Le Morne Brabant Abogados insisten en que estas conductas de control digital no solo son inaceptables, sino también constituyen delitos cuando se enmarcan dentro de relaciones de poder y desigualdad. Tal como lo establece la legislación, "las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre estas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia".
Lo aclara uno de sus letrados, Óscar Palau, "según el contenido del mensaje pueden ser diferentes los tipos delictivos, por lo que hay que estar al caso concreto y la calificación de los hechos para hablar de penas. Dependiendo el mensaje puede tratarse de un delito de amenazas, un delito de vejaciones, un delito de maltrato psicológico (dentro de violencia de género), y además, si llama sin parar, aunque el contenido del mensaje no sea ofensivo, un delito de acoso. Es por eso, que no podemos hablar de un delito y una pena en concreto".
Además, los jueces pueden imponer medidas similares a las del acoso físico, como órdenes de alejamiento, prohibición de comunicación por cualquier canal (redes, mensajes, llamadas...), sanciones penales o hasta multas económicas, en función de la gravedad y la reiteración de los hechos.
Según los datos que figuran en el informe de ONTSI (Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad), muchas mujeres sufren continuas agresiones y delitos contra su honor e intimidad en el contexto digital. Sin embargo, Le Morne Abogados admiten que, aun siendo importante en número, no son tantas las denuncias que se reciben en los despachos por violencia de género digital.
La víctima puede recurrir a unidades especializadas de los cuerpos y fuerzas de seguridad que investigan el ciberacoso, además de contar con el apoyo legal de abogados expertos. Las penas de la violencia digital pueden ir desde los tres meses hasta dos años de prisión, o multas de seis a veinticuatro meses, dependiendo de la gravedad del caso.
Por lo tanto, el primer paso es identificar que sí existe este acoso invisible, y el segundo, buscar apoyo y denunciar. Porque el amor no debería doler. Y mucho menos, controlar tu libertad en cada momento.