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¿Por qué los zapatos aprietan más después del verano? Una podóloga explica qué pasa con nuestros pies
Tras el verano, volver a los zapatos cerrados puede hacer que nuestros pies se sientan más incómodos. Una podóloga explica por qué ocurre y comparte diez claves para elegir un calzado adecuado, cómodo y respetuoso con la forma del pie.
Después de las vacaciones de verano, son muchas las cosas de nuestra rutina que vuelven a entrar en el ciclo de la adaptación. Y es que acostumbrarse de nuevo a las alarmas matutinas, a los ritmos ajetreados o a los looks de oficina, puede costar un poco.
Y hablando de outfits, seguro que alguna vez te has preguntado por qué después del verano da la impresión de que los zapatos se han encogido, porque ya no nos quedan igual. De repente nos aprietan, nos dejan marcas y nos resultan incómodos.
Es por eso que, en este artículo, contamos con las explicaciones de una experta, para entender en su totalidad qué pasa con nuestros pies. Neus Moya es podóloga, enfermera y divulgadora especializada en la salud del pie, además de creadora de la metodología Feetconnected, centrada en recuperar la movilidad, la fuerza, la sensibilidad, la coordinación y la capacidad de adaptación del pie.
Un gran cambio
Parte de este shock de vuelta a la rutina tiene que ver con el cambio de calzado entre temporadas. Y es que pasamos de lucir sandalias amplias donde nuestro pie respira y se mueve con libertad a llevar zapatos completamente cerrados durante muchas horas seguidas.
Neus relata que "el problema no es volver a los zapatos cerrados, sino hacerlo con un calzado que comprime el pie o limita más el movimiento de lo necesario", afirmando que las opciones cerradas no dejan de ser malas para la fisonomía del pie.
Exactamente por este motivo, la especialista ha desarrollado 10 aspectos fundamentales que tenemos que tener siempre en cuenta a la hora de escoger cuál será nuestro calzado para las temporadas de otoño e invierno.
Las diez claves
Estos son los 10 elementos cruciales que nos comparte Neus Moya que tienen que cumplir tus zapatos cerrados, para que tu pie esté a gusto, sano y cómodo:
1. Que la talla sea la correcta no quiere decir que queden bien: Dependiendo de la marca de zapatos, las longitudes que refieren a la talla pueden ser más o menos exactas, además que en ese número no se tiene en cuenta el estrecho o la forma de la punta. Es por eso que, según la experta, en lugar de analizar si nos queda bien un zapato, nos tendríamos que preguntar: "¿Puedo moverme naturalmente dentro de él?"
2. El zapato no debe hacer daño: Un zapato nuevo, a pesar de que las primeras sensaciones con él sean diferentes a uno ya usado, debería ser cómodo y suave. Si aparecen heridas o ampollas es una clara señal de que ese calzado no respeta la forma de tu pie. "No deberíamos asumir que un zapato tiene que hacer daño hasta que se dé de sí", afirma Neus.
3. Puede que sientas que aprieta más que la última vez: A veces este aspecto no va más allá de que las sensaciones cambian con el paso del tiempo. También se tienen que tener en cuenta aspectos como la temperatura, los calcetines, la actividad y que pasar de un pie libre en verano a uno recogido en otoño tiene un impacto en nuestras percepciones.
4. Comprar una talla más no siempre es la solución: En muchas ocasiones tendemos a comprarnos una talla más de la que usamos para lograr esa sensación de espacio, pero eso no nos ayudará a que el zapato escogido sea mejor para nuestro pie, solo hará que la sujeción sea peor, los dedos tengan que hacer fuerza y la pisada cambie.
5. Evitar la compresión mantenida: Está muy bien que los calzados que tengamos nos sujeten bien el pie, para evitar rozaduras y pisadas incorrectas. Pero es importante tener un control de cuánto nos comprime el pie, puesto que puede afectar a la desalineación de los dedos, con resultados como dedos en garra, superpuestos o alteraciones en las uñas.
6. A tener en cuenta para que el calzado se adapte al pie: Dependiendo de la fisonomía del pie de cada uno, es necesario valorar la anchura y la forma de la puntera para que el pie no pierda movilidad ni fuerza.
7. Más sujeción no es más protección: "A menudo confundimos sujeción con rigidez", explica Neus. Es importante que el pie esté sujeto, pero nunca llegar al punto de inmovilizarlo. "El calzado debería acompañar al pie y permitir que participe en el movimiento", añade la podóloga.
8. La suela debe aportar libertad de movimiento: La suela del zapato es una de las cosas más importantes a valorar en una nueva adquisición, y es que tiene que ser flexible y torsionable, siempre teniendo en cuenta que sea adecuada para el uso que le vayamos a dar. La clave está en que permita el movimiento a la vez que se adapte a la actividad en cuestión: montaña, asfalto, algún deporte en concreto…
9. No todos los pies necesitan el mismo zapato: La experta afirma que lo recomendable es optar por calzados barefoot, aunque no todas las personas pueden hacer el cambio al mismo ritmo, ya que el pie tiene que adaptarse a la actividad y momento: "El objetivo no es que todo el mundo lleve una etiqueta, sino recuperar unos pies capaces", señala Moya.
10. El pie no debe adaptarse al zapato, es al contrario: A veces nos encaprichamos de un modelo de zapato en concreto y no miramos lo que realmente importa para nuestro pie, como el espacio para los dedos, la flexibilidad de la suela o el sistema de cierre. La especialista afirma que "el objetivo es que el calzado acompañe al pie y le perimita moverse de forma natural".