CONVIÉRTELO EN UN HÁBITO
Cuando sientes que hacer ejercicio es fundamental para ti, el tiempo no supone ningún impedimento. Cualquier momento es bueno para aprovecharlo estando activos. El trabajo complicado es llegar hasta ahí: conseguir que el deporte se instaure en tu vida como un elemento indispensable.
Ojalá estar enganchados al deporte, y ojalá tener tiempo para realizarlo. Apuntarse a un gimnasio suele ser uno de los primeros pasos para conseguirlo, pero los gimnasios nos ponen algunas condiciones para asegurarse nuestra permanencia.
Tanto la matrícula como la política de baja son una barrera para no abandonar, lo cual es positivo para la balanza de resultados de los gimnasios.
Pagar varios meses puede resultar favorable si pretendes ahorrar algo de dinero. Además, al tener pagado un periodo de tiempo mayor, no tendrás que pensar continuamente a qué instalación ir, si te compensan los precios, horarios, etc.
El problema de estas permanencias y de estas técnicas es que, de cara a engancharse al deporte, tiene más contras que pros:
Cuando decidimos ir al gimnasio es para cumplir un objetivo, ya sea perder peso, ganar músculo, estar más saludable, etc., la permanencia puede ser positiva en el sentido de que, al haberlo pagado, nos sentimos en la obligación de ir. Hay que ser conscientes de que, para conseguir nuestros propósitos, es necesario cumplir y acudir al gimnasio. Si vamos varias veces todas las semanas, estaremos más cerca de cumplirlo.
Todas nuestras acciones parten de una motivación. Desde levantarnos cada mañana para trabajar, lo que probablemente esté motivado con poder vivir lo mejor posible, hasta pagar una sesión de cine porque nos encante disfrutar de la pantalla gigante.
Si no hay motivación, es muy complicado que consigamos culminar cualquier tarea que nos propongamos. Para conseguir el hábito de hacer ejercicio físico, es imprescindible tener un motivo y no perderlo. El hecho de tener pagado el gimnasio puede obligarnos a ir, pero esa cuota no lleva implícita las ganas. Si no disfrutamos del ejercicio, lo más probable es que lo dejemos de lado, porque el dinero no será suficiente impulso, y se torna imposible alcanzar nuestra meta.
Entrenar no es sencillo. Todos podemos salir a correr o coger un par de mancuernas y hacer ejercicio. Para que esos ejercicios sean efectivos, es necesario que estén bien planificados. Los gimnasios grandes no suelen tener una estructura que les permita guiarte de inicio a fin, básicamente porque sería inviable contratar a entrenadores para tantos usuarios.
Eso llevará a que la mayor parte de las veces estés solo en la sala, y tengas que elegir tú mismo qué hacer: entrenar en máquinas, con peso libre, ir a clases colectivas, a la piscina… De modo que la situación idílica que tenías de entrenar, disfrutar y conseguir tus objetivos se desvanece, al no saber cómo afrontarlo.
Ante estas expectativas no cumplidas y la obligación de cumplir una determinada permanencia, es más probable abandonar que buscar alternativas. Porque hemos perdido la motivación y porque no queremos pagar más dinero en otra instalación.
Tenemos que ser conscientes de que los grandes gimnasios son empresas con unos objetivos económicos a cumplir. Si pagas tres meses, pero solo vas uno, ya habrán ingresado el triple de lo que pudiera esperarse, y además no habrás producido un gasto para la instalación.
Para engancharte al deporte tienes que saber qué quieres conseguir, qué actividades o deportes te gustan y cómo realizarlo. En el caso de que te quieras apuntar, asegúrate antes de que contarás con un asesoramiento adecuado y, preferiblemente, que no te obligarán a una permanencia.
Si estás iniciándote en este mundo o si necesitas que te guíen, huye de los macro gimnasios y decántate mejor por uno más pequeño o por un centro de entrenamiento personal. Una instalación grande puede resultar atractiva por todos los equipamientos y servicios que ofrecen, pero no sirve de nada disponer de servicios si no sabemos cómo utilizarlos.