LA ENERGÍA PERSONAL
Seguro que alguna vez te ha pasado: entras en un lugar y te sientes a gusto sin saber muy bien por qué, o conoces a alguien y notas cierta incomodidad aunque, en apariencia, todo esté bien. Seguramente lo que percibes es el aura de una persona o de un espacio.
Eso que percibes a veces cuando conoces a alguien o entras en algún sitio no es imaginación ni sugestión. En muchos casos, estás captando de forma intuitiva el aura del espacio o de la persona que tienes delante.
Dicho de forma sencilla, el aura es el campo energético que rodea al cuerpo físico y que refleja cómo estamos a nivel emocional, mental y espiritual. No es algo fijo ni extraño: cambia constantemente según nuestras emociones, pensamientos, experiencias y el momento vital que atravesamos. Todas las personas tienen aura, igual que la tienen los lugares, y su forma, intensidad y color varían con el tiempo.
Hay personas especialmente sensibles a la energía, ya sea de forma natural o porque han desarrollado esa capacidad con el tiempo. En el caso de quienes trabajan con el Tarot o la videncia, una de las primeras habilidades que suele despertarse es la de ver o sentir el aura. Es posible que incluso tú, que estás leyendo esto, hayas tenido alguna experiencia parecida sin darle demasiada importancia.
Esta sensibilidad se entrena con la práctica, la observación y la escucha interna. Algunas tarotistas o videntes perciben el aura en forma de colores; otras, como sensaciones físicas, imágenes mentales, emociones repentinas o información clara que aparece durante una lectura. La intuición y la videncia funcionan como canales para leer esa energía, y el Tarot actúa como una herramienta que ayuda a interpretarla, ya que las cartas pueden mostrar cómo se encuentran las distintas capas del aura de una persona.
Hasta cierto punto, sí es posible aprender. No todo el mundo desarrollará la misma capacidad, pero la percepción energética se puede entrenar. La clave está en el silencio mental, la atención plena y la práctica constante. La meditación es una de las herramientas más efectivas para afinar la intuición y la sensibilidad energética.
Hay un ejercicio muy sencillo con el que yo misma empecé en mis inicios para desarrollar esta visión energética:
Busca un lugar tranquilo y colócate frente a una pared clara, con luz suave. Relaja la vista y observa tu mano o la silueta de una persona sin enfocar directamente, como si miraras "a través". Respira despacio y mantén la atención sin forzar. Al principio, puede que solo percibas un halo, una sensación de calor, cosquilleo o un cambio sutil en la percepción. Eso ya es un primer paso.
Lo importante es no forzar ni frustrarse. La percepción del aura se desarrolla poco a poco, con paciencia, presencia y práctica.
En una lectura, el Tarot también puede ofrecer mucha información sobre cómo se encuentra el aura de una persona, incluso aunque no se esté preguntando directamente por ello. Hay cartas que suelen aparecer cuando la energía está equilibrada y otras que indican bloqueo, confusión o desgaste energético.
Cuando el aura está en buen estado, suelen aparecer cartas como La Estrella o El Mundo.
En cambio, cuando el aura está alterada o cargada, aparecen con frecuencia cartas como La Ruedade la Fortuna o La Luna.
En el día a día, la mejor protección energética es escucharte, poner límites y no cargar con lo que no te corresponde.