SIN RESPIRAR
Los espasmos del sollozo son episodios breves, pero alarmantes, en los que el pequeño deja de respirar momentáneamente tras un llanto intenso. ¿Cómo debemos actuar si esto ocurre? Aquí tienes los consejos de una pediatra.
Los espasmos del sollozo aparentan ser muy graves, pero en la mayoría de casos son benignos y autolimitados y no causan ningún daño a largo plazo. Sin embargo, entender sus causas, tipos y manejo adecuado es fundamental para reducir la ansiedad familiar y garantizar el bienestar del niño.
Este fenómeno afecta a un 5% de los niños entre los 6 meses y 5 años y en el 35% de los casos existe algún antecedente en la familia.
Se desencadenan por un llanto intenso tras una caída, un susto, una regañina o un enfado importante. El niño comienza a llorar, pero no arranca a respirar y se produce una falta momentánea de oxígeno que produce un desmayo o pérdida de conocimiento y el niño se pone pálido o azulado (cianótico).
En ocasiones se pueden producir algunas sacudidas de brazos y piernas que cesan a los pocos segundos. A pesar de lo aparatoso del episodio, el niño suele recuperar la consciencia espontáneamente en menos de 1 minuto sin necesidad de maniobras de estímulo o reanimación.
Los dos episodios se recuperan espontáneamente a los pocos segundos sin dejar secuelas a posteriori. Estos episodios tienden a desaparecer con la edad y no se asocian a ninguna enfermedad en el futuro.
Lo primero es mantener la calma en la medida de lo posible. Resulta difícil las primeras veces por lo alarmante de la situación, pero nunca se debe zarandear al niño ni iniciar maniobras de reanimación, ya que se pueden provocar lesiones no intencionadas.
Cuando suceden estos episodios, lo mejor es acostar al niño en un sitio seguro en posición lateral y esperar que pase sin intervenir. Por ello es labor del pediatra explicar la benignidad de estos espasmos y convencer a los padres de que se van a recuperar solos y sin secuelas.
En casos en los que ha habido espasmos del sollozo, es importante recordar a los padres que se deben mantener los límites y las normas en casa, ya que la sobreprotección para intentar evitar que el niño llore es contraproducente para él y su educación.