MUCHOS CAMBIOS
¿Es normal que la regla cambie en verano? Esto es lo que dicen las ginecólogas
Los cambios de rutina propios de esta época, junto con las altas temperaturas, pueden influir en la regularidad del ciclo y hacer más intensos algunos síntomas.
Con la llegada del verano cambian los horarios, la alimentación, el ejercicio y hasta la forma en la que descansamos. A esto se suman las altas temperaturas, que también tienen un impacto sobre el organismo.
Aunque muchas mujeres notan que su menstruación se retrasa, se adelanta o viene acompañada de síntomas diferentes durante estos meses, los especialistas aclaran que el calor, por sí solo, no suele ser el responsable de estas alteraciones.
Los expertos en Ginecología y Obstetricia del Hospital Materno-Infantil Quirónsalud Sevilla explican que son, sobre todo, los cambios de hábitos propios del verano los que pueden afectar al equilibrio hormonal y, en consecuencia, modificar la regularidad del ciclo menstrual.
Por ello, conocer cómo responde el cuerpo durante esta época resulta fundamental para cuidar la salud ginecológica. Así pues, en este artículo te contamos todo lo que debes saber sobre cómo el verano afecta a tu ciclo menstrual.
Los cambios de rutina
Según explica la doctora Alejandra Ramírez, ginecóloga del Hospital Materno-Infantil Quirónsalud Sevilla, mantener una rutina favorece que el ciclo menstrual sea más regular.
Sin embargo, durante el verano es habitual modificar los horarios, viajar, dormir menos, cambiar la alimentación o variar la intensidad del ejercicio físico, factores que pueden influir en la producción hormonal.
Como consecuencia, algunas mujeres pueden experimentar retrasos en la menstruación o incluso pasar un periodo más largo de lo habitual sin regla. Estas alteraciones, en la mayoría de los casos, no tienen por qué indicar un problema de salud, sino que responden a la adaptación del organismo a estos cambios temporales.
¿El calor influye?
Las altas temperaturas no suelen ser un factor determinante para alterar el ciclo menstrual. No obstante, sí pueden afectar al organismo de manera indirecta, especialmente cuando existe una deshidratación importante.
La especialista señala que la falta de hidratación repercute en diferentes funciones del cuerpo, incluida la función hormonal sexual. Aunque esto no significa que el calor vaya a provocar necesariamente un adelanto o un retraso de la menstruación, sí puede contribuir a que aparezcan ciertas alteraciones cuando se combina con otros factores propios del verano.
Además, el calor favorece la vasodilatación, un proceso que puede hacer que algunas mujeres perciban un aumento del flujo menstrual o un sangrado algo más abundante. Si a ello se suma la deshidratación, también pueden aparecer dolores de cabeza y una mayor sensación de malestar.
Infecciones y síntomas más intensos
Otro aspecto a tener en cuenta durante los meses de verano son los continuos baños en piscinas y playas. Permanecer con el bañador húmedo durante mucho tiempo favorece la humedad en la zona íntima y puede alterar la flora vaginal, aumentando el riesgo de infecciones.
La doctora Ramírez recuerda que, durante la menstruación, el pH vaginal también cambia, lo que facilita aún más la aparición de estas molestias en mujeres con predisposición.
Por otro lado, algunos síntomas premenstruales, como la hinchazón, la fatiga o la sensación de pesadez, pueden intensificarse durante el verano. La combinación del calor, la vasodilatación y una tensión arterial más baja hace que muchas mujeres perciban estos días como más incómodos de lo habitual.
Cómo prevenir
Para prevenir problemas ginecológicos, los especialistas recomiendan mantener una correcta higiene íntima, cambiar cuanto antes el bañador mojado, procurar que la zona permanezca seca el mayor tiempo posible y mantenerse bien hidratada.
En algunos casos, especialmente en mujeres propensas a sufrir infecciones, el uso de probióticos también puede ser una ayuda.
En cualquier caso, los expertos recuerdan que pequeñas variaciones en la menstruación durante el verano suelen ser normales cuando cambian los hábitos de vida y, por sí solas, no tienen por qué ser motivo de preocupación.