MÁS ALLÁ DEL FUEGO

¿Cómo nos afecta el humo de los incendios? Así debes proteger tus pulmones, corazón y mente

Apagar las llamas es solo la primera parte. Médicos de Top Doctors Group nos explican de forma sencilla cómo afecta el humo a nuestra salud y qué pequeños gestos ayudan a proteger a toda la familia.

Mujer bombero Magnific

Cuando un incendio se apaga, parece que el peligro ha terminado. Pero no siempre es así. Cualquier persona que haya visto de cerca una nube de humo -o que haya despertado con el cielo cubierto de ceniza y olor a quemado- sabe lo molesto que resulta respirar ese aire. Sin embargo, lo que muchos no saben es que el humo no solo irrita la garganta: también viaja por el cuerpo de forma silenciosa.

Para entender qué nos ocurre cuando respiramos ese aire y cómo protegernos sin entrar en pánico, varios especialistas de Top Doctors Group explican las claves de forma muy clara.

Incendio | Magnific

Crisis fuertes de ahogo

Lo primero que sentimos al entrar en contacto con el humo es picor de ojos, tos y carraspera. Pero el verdadero problema no son las cenizas grandes, sino una especie de "polvo microscópico" llamado PM2.5.

Estas partículas son 30 veces más finas que un pelo. Por eso, al respirar, la nariz no es capaz de frenarlas: bajan directas a los pulmones y de ahí pueden pasar a la sangre.

En personas sanas, lo normal es que las molestias desaparezcan en un par de semanas. Pero en personas con asma, alergias o problemas respiratorios, el humo puede provocar crisis fuertes de ahogo.

No obstante, si el humo llega muy diluido (cuando el cielo se pone anaranjado), no suele ser peligroso, aunque sigue siendo molesto para las personas más sensibles.

Mujer con problemas para respirar | Magnific

Sangre más espesa

Sorprende saberlo, pero el humo no se queda solo en el pecho. Al pasar a la sangre, esas partículas diminutas hacen que los vasos sanguíneos se inflamen y la sangre se vuelva algo más espesa.

El cardiólogo Juan Carlos Portugal alerta que para una persona que ya tiene la tensión alta, problemas de corazón o ha sufrido un infarto, esto supone un esfuerzo extra que puede desencadenar un susto.

Además, los médicos dan un aviso muy claro: nada de salir a correr o andar en bici si hay humo. Al hacer deporte, respiramos mucho más rápido y metemos el doble de aire sucio al cuerpo.

Impacto en la salud mental

Ver cómo el fuego destruye casas, campos o recuerdos deja una herida emocional que tarda en curar. La psicóloga Olga Albaladejo recuerda que no dormir bien, sentir rabia o estar en alerta los primeros días es algo totalmente normal.

El problema llega semanas después, cuando se apagan los focos de la televisión, pero empiezan los papeles y las pérdidas reales. También influye la llamada ecoansiedad: engancharse al móvil a ver fotos y vídeos del desastre solo sirve para aumentar el agobio y la sensación de angustia.

Una mujer triste se cubre la cara con la manos | Freepik

¿Qué podemos hacer para protegernos?

Los expertos resumen los pasos más importantes a la hora de actuar ante un incendio cercano. Son unas pautas muy fáciles de seguir:

  • En casa, todo cerrado: Si hay humo cerca, mantén ventanas y puertas bien cerradas.
  • La mascarilla correcta: Las mascarillas normales de tela o papel no sirven contra este humo fino. Hay que usar las FFP2, ajustándolas bien a la cara.
  • Pospón el deporte: Deja las caminatas o el ejercicio al aire libre para cuando el aire vuelva a estar limpio.
  • No dejes tu medicación: Si usas inhaladores o pastillas para el corazón o la tensión, síguelas tomando exactamente como te dijo tu médico.
  • Desconecta un poco de las noticias: Infórmate solo un par de veces al día en fuentes oficiales y evita mirar vídeos angustiantes antes de irte a dormir.
  • Cuándo ir al médico: Si notas que te cuesta respirar de verdad, sientes dolor en el pecho, mareos fuertes o palpitaciones, acude a urgencias sin esperar.