ESTAR, MIRAR Y VALIDAR
Los celos entre los hermanos pueden llegar a desesperar a los padres y madres. Incluso en las familias que se esfuerzan con una crianza consciente y respetuosa, pueden aparecer los temidos celos. Te cuento 3 técnicas para poner en práctica que funcionan. No son trucos mágicos, pero dan sus frutos a largo plazo.
Aunque tendemos a idealizar el verano, lo cierto es que no siempre es sinónimo de paz. A veces, es en esta época del año cuando más explotan los celos entre hermanos. Es lógico, cuanto más tiempo juntos, menos rutina y más comparaciones.
A pesar de ello, el verano es una oportunidad de oro para invertir tiempo en la familia. Suele ser una buena temporada para observar, intervenir con más calma y también para sembrar y dotar de herramientas que puedan dar su fruto en lo que resta del año.
No obstante, soy plenamente consciente que los celos no se solucionan regañando o repitiendo frase como "debes querer a tu hermano". Más bien se trabajan con presencia, conexión y conociendo lo que pasa en el cerebro de nuestros hijos.
La neurociencia nos recuerda que el cerebro infantil y adolescente no tiene aún completamente desarrollado el lóbulo prefrontal, la zona encargada de regular emociones, medir consecuencias y ponerse en el lugar del otro.
Es decir, cuando un hijo se siente que "el otro tiene más", no activa su parte racional, sino su sistema de amenaza, así que se sentirá desplazado y entonces, suele reaccionar.
Debemos tener muy claro esto y evitar pensar que quiere manipularte, o que siempre esté compitiendo, es que literalmente su cerebro aún no sabe cómo calmarse solo. Y ahí es donde entramos nosotros, los adultos, sus referentes.
En lugar de decir "otra vez estás celoso" podemos intentar: "Siento que te dolió que hoy pasara más tiempo con tu hermana. ¿Quieres contarme qué sentiste?". Con esta intervención, no es que estemos premiando la conducta, es que realmente estamos enseñando a poner en palabras la emoción.
El verano es perfecto para esto. No necesitamos un planazo, puede ser un paseo rápido, ir por un helado, ver juntos un capítulo de su serie favorita, o dejar que te ayude a cocinar algo. Lo importante será que tu mirada esté solo para él o ella durante ese momento.
Intentemos proponer pequeños retos de cooperación, por ejemplo, preparar juntos el desayuno el domingo, sacar a pasear a la mascota, grabar un video entre hermanos. Cualquier excusa para que dejen de verse como rivales y empiecen a sentirse parte del mismo barco.
Puede ser el verano en el que tus hijos aprendan que el amor no se divide, se multiplica. Que realmente hay espacio para todos, que no necesariamente uno brilla más que el otro y que sentir celos, es nuestra parte humana; sin embargo, sí importa lo que hacemos junto a ellos.
Así que, mamá y papá, no necesitas ser perfecto. Solo basta con estar, mirar, validar. Y poco a poco, donde antes había competencia, ahora es un lugar seguro para todos.