SALUD OCULAR
Una optometrista advierte del aumento de la miopía en todo el mundo para el año 2050 y recuerda la importancia de detectarla a tiempo y adoptar hábitos visuales claves y saludables desde la infancia.
La miopía se ha convertido en uno de los problemas visuales que más ha crecido en las últimas décadas. Las previsiones de los especialistas apuntan a que, si la tendencia continúa, en 2050 aproximadamente la mitad de la población mundial será miope y alrededor del 10 % desarrollará miopía en grado alto.
Aunque muchas personas la asocian simplemente a ver mal de lejos, lo cierto es que puede tener consecuencias importantes para la salud ocular si alcanza grados elevados. En esos casos, aumenta el riesgo de sufrir complicaciones que pueden afectar a la visión.
Por ello, Silvia González, optometrista del Hospital Universitario Los Madroños, recuerda que la prevención, el diagnóstico precoz y los hábitos visuales adecuados son fundamentales para frenar su progresión.
El desarrollo del ojo se produce principalmente durante la infancia. Aproximadamente hasta los 7 u 8 años, el globo ocular sigue creciendo. Cuando este crecimiento es excesivo, el ojo se alarga más de lo normal y aparece la miopía. Además, ese estiramiento puede hacer que los tejidos oculares sean más frágiles con el paso del tiempo.
Por este motivo, los especialistas insisten en que intervenir en edades tempranas es clave para evitar que la miopía avance.
Uno de los problemas de esta alteración visual es que, en muchos casos, los niños no se dan cuenta de que ven mal.
El síntoma más habitual es la dificultad para enfocar objetos lejanos. En el entorno escolar, esto puede traducirse en problemas para ver la pizarra o para seguir las explicaciones desde el fondo del aula, por ello muchos niños piden sentarse cerca. Por estos casos, a menudo, son los profesores quienes detectan estas señales antes que las propias familias.
El riesgo de desarrollar miopía aumenta cuando uno o ambos padres también la tienen, especialmente en los casos de miopía alta.
Sin embargo, la genética no es el único factor. El estilo de vida y el entorno también juegan un papel importante, sobre todo en una época en la que las pantallas y las actividades de cerca ocupan cada vez más tiempo en el día a día.
Una de las recomendaciones más repetidas por los especialistas es fomentar las actividades al aire libre.
Diversos estudios han demostrado que pasar tiempo en exteriores puede reducir el riesgo de desarrollar miopía hasta en un 50 %. La exposición a la luz natural y el hecho de mirar a larga distancia actúan como factores protectores para la salud visual, asegura Silvia.
La experta aconseja que los niños pasen entre 40 minutos y dos horas al día al aire libre siempre que sea posible.
El estilo de vida actual favorece que fijemos la vista durante largos periodos en distancias cortas: móviles, tabletas, ordenadores o libros.
Para evitar la sobrecarga visual, la optometrista recomienda aplicar la llamada regla 30/30/30:
Además, es importante contar con una buena iluminación y evitar acercarse demasiado a las pantallas o a los textos.
Actualmente, existen distintas opciones para controlar la evolución de la miopía, especialmente en niños y adolescentes. Entre ellas se encuentran determinados colirios oftálmicos, lentes de contacto específicas o cristales diseñados para ralentizar el crecimiento del ojo.
El objetivo de estos tratamientos no es solo mejorar la visión, sino evitar que la miopía avance hacia grados más altos que puedan afectar a la salud ocular en el futuro.
Silvia González concluye que el abordaje de la miopía debe ir más allá de usar gafas o lentillas. La información, la detección temprana y la adopción de hábitos visuales saludables desde la infancia pueden marcar una gran diferencia en su evolución.
En un contexto en el que cada vez más personas desarrollan esta alteración visual, cuidar la salud de nuestros ojos se convierte en una prioridad en el presente y de pensar también en el futuro.