BUENA RELACIÓN CON LA COMIDA
En los últimos años, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) han dejado de ser una preocupación exclusiva de la adolescencia para empezar a manifestarse a edades cada vez más tempranas. Como pediatra, tengo casos en la consulta y sé el dolor que causa en las familias.
Aunque a menudo se asocian con la etapa juvenil, cada vez son más los casos en los que los niños y niñas en edad escolar comienzan a mostrar señales de una relación conflictiva con la comida, el cuerpo, la imagen personal y desarrollan un TCA a temprana edad.
Para muchas familias, estos comportamientos pueden pasar desapercibidos o confundirse con manías pasajeras, sin saber que podrían ser el inicio de un problema serio que afecta tanto a la salud física como emocional del menor. Reconocer los signos tempranos de alerta y comprender los tipos de TCA más frecuentes en la infancia es clave para actuar a tiempo y buscar la ayuda adecuada.
Los TCA representan la tercera causa de enfermedad crónica en adolescentes, después del asma y la obesidad. Hay estudios que sitúan la incidencia de TCA en España alrededor del 5% siendo predominante entre mujeres jóvenes (entre los 12 y 21 años).
De cada 10 afectados 9 son mujeres aunque la incidencia en varones está aumentando en los últimos años relacionado con la obsesión por el ejercicio y las dietas proteicas. La edad media de inicio de este trastorno está en 12,5 años, aunque en los últimos años han aumentado los casos a partir de los 10 años y en condiciones más graves al diagnóstico.
El perfil de riesgo más común para sufrir un TCA suele combinar varios factores personales, familiares y socioculturales. A nivel individual, es frecuente que sean niñas con una alta autoexigencia, perfeccionistas, con baja autoestima y una marcada necesidad de control, que utilizan la comida como forma de manejar emociones o situaciones externas.
Muchas veces les cuesta expresar lo que sienten y tienden a reprimir emociones como la tristeza o la frustración. En el entorno familiar, suelen darse dinámicas muy controladoras o sobreprotectoras, escasa comunicación emocional y, en algunos casos, antecedentes de TCA, ansiedad o depresión en otros miembros de la familia.
Además, la presión social por alcanzar un ideal de delgadez, especialmente a través de redes sociales, y la práctica de actividades con un foco fuerte en la imagen corporal, como la danza o la gimnasia, pueden aumentar su vulnerabilidad. También pueden influir experiencias de acoso escolar o burlas relacionadas con el cuerpo.
Es la restricción de la ingesta calórica que conduce a un peso corporal significativamente bajo en relación con la edad, el sexo, el curso de desarrollo y la salud física.
Estos niños sufren un miedo intenso por ganar peso o engordar y tienen una imagen corporal distorsionada de sí mismos. Suelen vestir con ropa holgada para evitar las miradas ajenas y tienen una fuerte necesidad de control sobre la ingesta y el peso.
La anorexia nerviosa puede ser de tipo restrictivo (dejando de comer), de tipo con atracones/purgas (vómitos autoprovocados, uso incorrecto de laxantes, diuréticos o enemas) o mixto.
Se caracteriza por episodios recurrentes en los que el niño come grandes cantidades de comida en poco tiempo, asociado a una pérdida de control y malestar posterior. A diferencia de la bulimia, no se utilizan conductas compensatorias.
Se basa en episodios recurrentes de atracones que se caracterizan por la ingestión en un corto período de tiempo de una gran cantidad de alimentos con sensación de falta de control sobre lo que se ingiere. Posteriormente, aparecen comportamientos compensatorios inapropiados como vómitos autoprovocados, ayuno prolongado o ejercicio excesivo.
Tanto en la consulta del pediatra como en el ámbito familiar se pueden detectar los primeros signos y síntomas de alarma de un TCA:
Y por último, recordar que a pesar de la elevada incidencia y morbimortalidad de los TCA, estos trastornos siguen estando infradiagnosticados en niños y su identificación precoz es muy importante, ya que una menor duración de la enfermedad se asocia con un mejor pronóstico.