ALTERNATIVAS QUE CONFUNDEN
La alimentación de nuestros hijos es un tema que nos preocupa a todos en mayor o menor medida. Queremos que coman de la forma más saludable posible, pero por diferentes motivos hay alimentos que no les gustan o les cuesta comer, como frutas, verduras o lácteos. Frente a esto, muchas veces buscamos alternativas que parecen saludables, pero son productos que no cubren sus necesidades nutricionales.
En ocasiones, muchos padres recurren a los zumos, los batidos o los yogures bebidos pensando que les están dando algo saludable a sus hijos, pero nada más lejos de la realidad.
Aunque parezca una forma fácil y cómoda de que los niños tomen fruta o lácteos, estas bebidas no son tan sanas como nos hace pensar la publicidad, a veces engañosa, de estos productos adornados con dibujos infantiles o acompañados de mensajes como "con vitaminas" o "fuente de calcio".
En este artículo te quiero explicar cuáles son los efectos reales de estos productos en la alimentación de los niños y por qué se deben evitar optando por alternativas realmente saludables.
Muchas veces pensamos erróneamente que el zumo es el equivalente a la fruta y, por comodidad o porque a algunos niños les cuesta tomar fruta entera, lo elegimos pensando que es saludable. Pero no nos equivoquemos, no es lo mismo.
En primer lugar, pensad cuántas naranjas hacen falta para conseguir 250 ml de zumo y cuántas naranjas enteras es capaz de comer un niño pequeño. Esta sensación de saciedad se debe a la fibra que tiene la fruta entera (la que se come a bocados); gracias a ella, los azúcares que contiene esa fruta se absorben más lentamente en el intestino, generando menor pico de glucosa en sangre y una respuesta de nuestro cuerpo mucho más saludable. Al exprimir la fruta, quitamos esa fibra, lo que hace que el zumo sea solo agua y fructosa; la absorción es muy rápida y el pico de azúcar en sangre mucho mayor.
A veces, los batidos o los yogures bebidos son la opción elegida por las familias para cubrir un almuerzo o una merienda por la comodidad de los envases para llevar o simplemente por pensar que el niño está tomando un lácteo que contiene proteínas y calcio. Lo que muchas veces se desconoce es que estas bebidas suelen contener un extra de azúcares libres que se absorben con mayor rapidez, pasando a la sangre y generando un pico de insulina (la hormona que controla el azúcar en nuestro cuerpo) y que genera efectos perjudiciales en el metabolismo.
Además, al ser líquidos, no sacian como un yogur comido con cuchara. El niño puede tomarlos rápido y seguir teniendo hambre, lo que favorece que luego coma otros productos menos saludables.
Ni la publicidad que acompaña a estas bebidas (diciendo que ayudan a las defensas, tienen más calcio o aporte de vitaminas) compensa la cantidad de azúcar de estos productos que en muchas ocasiones ya exceden el consumo diario máximo de azúcar recomendado por la OMS en los niños (12-15 g al día).
El consumo frecuente y diario de este tipo de bebidas, que muchas veces van dirigidas expresamente al público infantil, puede ser muy perjudicial en varios aspectos por el efecto de estos azúcares libres sobre el organismo:
La alternativa saludable a los zumos siempre debe ser la fruta entera. Se debe acostumbrar a los niños desde las primeras etapas de la vida a comer fruta a trozos y ofrecerla a diario para incluir varias piezas al día en su dieta habitual. Hay frutas fácilmente transportables para su consumo fuera de casa: plátano, mandarinas, manzana, fresas... Solo hay que acostumbrarse.
Respecto a los lácteos, existe ya en los supermercados la opción de bricks para llevar, similares al formato batido de leche entera blanca sin chocolatear ni azucarar o yogures bebibles naturales sin azúcares añadidos, que no tendrán un sabor tan dulce, por supuesto, pero sí serán más sanos para nuestros hijos si queremos introducir más lácteos en la dieta sin los peligros del azúcar.