GUÍA PRÁCTICA
Las medias de compresión son más que un simple complemento: son un potente aliado para cuidar la salud de las piernas, aliviar molestias y prevenir problemas circulatorios. Pero no todas son iguales ni sirven para lo mismo; por eso, conocer sus usos y diferencias puede marcar la clave entre comodidad y tratamiento eficaz.
Las medias de compresión son prendas elásticas que están diseñadas para mejorar la circulación sanguínea en las piernas, ejerciendo una presión controlada.
Son muy útiles tanto a nivel circulatorio como a nivel preventivo, especialmente en personas que trabajan muchas horas de pie (en el sector salud o la hostelería, por ejemplo) y como tratamiento para pacientes con alguna patología definida.
Las hay de 3 tipos de compresión: ligera, media y fuerte, pero las únicas que son terapéuticas son las dos últimas.
Compresión ligera (8-15 mmHg)
Se usan a modo preventivo de piernas cansadas y para pacientes que no tienen ninguna patología. Se pueden encontrar en cualquier tienda de ropa o específica de medias. No tienen actividad terapéutica.
Compresión media (15–20 / 20–30 mmHg)
Poseen acción terapéutica, se venden en lugares sanitarios especializados como farmacias y ortopedias, y se usan para:
Compresión fuerte (30–40 mmHg o más)
Suelen estar prescritas por un médico. Proporcionan la máxima presión en el tobillo (por eso son más incómodas de meter), aunque va disminuyendo progresivamente hacia la rodilla o el muslo. Se usan para:
Un detalle a tener en cuenta es que la talla es diferente a la del pantalón que se usa normalmente; por eso, para determinar la de la media, es muy importante que personal especializado mida el perímetro del tobillo, pantorrilla y muslo, ya que el paciente puede tener un gran edema (retención alta de líquidos en la zona del tobillo) y requerir una talla más grande de lo habitual por la situación específica de ese momento.
También se pueden clasificar según el largo que tengan: