EL REGRESO DE LA REINA
Beyoncé ha ejercido de coanfitriona en una noche histórica donde ha brillado con un diseño de Olivier Rousteing y ha posado, por primera vez, con su hija mayor sobre la alfombra roja.
Hacía 10 años que Beyoncé no pisaba la alfombra roja de la MET Gala y su regreso ha sido por todo lo alto. Este 2026 no solo ha sido una de las coanfitrionas junto a Anna Wintour, Nicole Kidman y Venus Williams, sino que también ha sido una de las mejor vestidas con un espectacular "naked dress" que no ha dejado a nadie indiferente.
La cantante de Crazy in Love apareció en las escaleras del Met y los afortunados que pudieron vivirlo en directo no pudieron evitar estallar de emoción. Llegó luciendo un diseño de Olivier Rousteing (director creativo de Balmain), quien, como ella misma decía durante la retransmisión, "siempre le ha sido muy leal" y le ha creado muchos "looks icónicos".
El estilismo estaba confeccionado con una malla color "nude" que le cubría el cuerpo entero —una base para simular el cuerpo desnudo— sobre la que se colocó un espectacular esqueleto creado con diamantes. En su cabeza, una corona a juego puso el broche de oro al conjunto. Para añadirle más dramatismo al atuendo, lució una enorme capa de plumas en tonos "nude" y grises con efecto degradado que ocupaba varios tramos de la escalinata tras ella.
Beyoncé no se explayó mucho en cuanto a su inspiración, dejó claro que esa noche para ella todo lo era la familia.
También quiso celebrar que el código de vestimenta de este año, "Fashion is Art" (la moda es arte), abrace todo tipo de cuerpos. La artista destacó la importancia de que cada invitado "celebre sea lo que sea lo que Dios le diera", un mensaje de empoderamiento que resonó con fuerza en la gala.
El pelo de Beyoncé estuvo a la altura: unos rizos perfectamente definidos conformando una bonita melena XXL. Los mechones que enmarcaban la cara estaban engominados y fijados estratégicamente sobre el rostro al estilo de los años 20.
En cuanto al maquillaje, lejos de la tendencia de los acabados discretos y mate, ella optó por el shimmer: sombra de ojos en tonos morados con el lagrimal en plata, pómulos con colorete rosado de efecto rubor juvenil, pestañas superiores XXL y muchos destellos por el rostro. Brillaba tanto como su outfit.
Queen B fue acompañada por su marido, Jay-Z, y su hija mayor, Blue Ivy Carter, que ha debutado en esta alfombra roja con tan solo 14 años. Jay lució un impecable esmoquin negro, mientras que Blue Ivy llevó un vestido con corpiño y falda globo en tono crema, combinado con una cazadora bomber a juego y unos zapatos de salón revestidos de cristales de Jimmy Choo.
"Es surrealista porque mi hija está aquí hoy [...] Me emociona vivirlo a través de sus ojos", confesó una Beyoncé visiblemente emocionada.
Preguntada por qué pieza de arte ha cambiado su vida, la cantante no dudó en responder que son sus hijos. Una madre orgullosa que sigue brillando —y haciendo historia— por más que pasen los años.