CASA REAL NORUEGA
Harald y Sonia de Noruega: el 35 aniversario de su llegada al trono coincide con la mayor crisis familiar
El 23 de junio de 1991, los reyes Harald y Sonia de Noruega obtenían la bendición real en la catedral de Nidaros consolidando su ascenso al trono. Tres décadas después, la fecha queda marcada por la condena a prisión de Marius Borg y los problemas de salud de Mette-Marit.
El 23 de junio de 1991, el príncipe heredero Harald de Noruega, de entonces 54 años, y su mujer, Sonia, obtenían la bendición real en la catedral de Nidaros. Aquel acto consolidaba su ascenso al trono y daba un aire fresco a una monarquía que hasta entonces había estado muy militarizada debido a la Segunda Guerra Mundial.
Harald V se propuso modernizar esa imagen poco a poco, con gestos como, por ejemplo, separar la jefatura del Estado de la Iglesia de Noruega. Sin embargo, ese perfil que trabajó durante décadas llega manchado a su 35 aniversario como monarca debido a la situación complicada que está pasando la familia que ha formado su hijo.
Así fue la bendición real de 1991
Aquel 23 de junio no se celebró una coronación al uso. Noruega ya había sustituido la coronación tradicional por un rito de bendición religiosa en tiempos del rey Olav V, buscando una fórmula más acorde con los nuevos tiempos. Harald y Sonia decidieron mantener esta fórmula en la catedral de Nidaros, pero dándole un carácter mucho más moderno, centrado en la renovación y la responsabilidad institucional.
Durante el acto, las coronas reales no se colocaron sobre las cabezas de los monarcas, sino que permanecieron situadas a ambos lados del altar mayor. El rito supuso también la recuperación oficial de la figura de la reina consorte en Noruega, otorgando a Sonia un papel institucional clave que no existía en el reinado anterior. La ceremonia sirvió para escenificar la transición hacia una monarquía más humana, cercana y adaptada a la sociedad de finales del siglo XX.
Cárcel y problemas de salud en Palacio
Treinta y cinco años después de aquel gesto simbólico, el frente que desestabiliza a la Corona tiene nombres propios. Por un lado, Marius Borg, el hijo mayor de la princesa heredera Mette-Marit, acaba de ser condenado a cuatro años de prisión por dos delitos de violación y maltrato a una de sus exnovias.
Por otro lado, la salud de Mette-Marit se ha complicado de nuevo. Solo unos días después de conocerse la sentencia de su hijo, ha tenido que ser operada de un trasplante de pulmón debido a la fibrosis pulmonar crónica que padece. Una situación delicada de sobrellevar en un año no exento de polémicas, que comenzó con la salida a la luz el pasado mes de febrero de su extensa red de comunicaciones directas con Jeffrey Epstein.
Ingrid y Sverre asumen la representación
Con los reyes ancianos, el príncipe Haakon solo ante la agenda institucional y Mette-Marit recuperándose en el hospital, la tarea de limpiar la imagen de la familia recae sobre la siguiente generación.
En el peor momento de la historia reciente de su familia, son la princesa Ingrid Alexandra -segunda en la línea de sucesión- y su hermano, el príncipe Sverre Magnus, quienes están dando la cara. Los hermanos acaban de debutar representando a la casa real en el Mundial de fútbol, asumiendo el peso de la agenda en plena crisis.
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Hace 35 años, Harald y Sonia cambiaron el rumbo de la corona noruega. Ahora, les toca a sus nietos trabajar para mantenerla a flote.