LEE LAS ETIQUETAS
Se suele hablar mucho (y mal) de los aditivos tipo E200 y similares que aparecen en las etiquetas de los productos de alimentación. Pero lo cierto es que, sin ellos, seguramente nos gustaría menos comer. Descubre qué son los aditivos y comparte este artículo para que todos lo sepan.
Te paras frente a la nevera del súper, eliges un hummus, le das la vuelta y… horror cuando lees los ingredientes: garbanzos, aceite, zumo de limón, E260, E270, E202… Te empiezas a preguntar: "¿Esto qué es, un experimento, una fórmula secreta... un código alienígena?". Respira. No es una conspiración. No están intentando envenenarte. Estás leyendo el lenguaje de los aditivos alimentarios, y aunque suene misterioso, es más transparente que muchos "sin aditivos" que ves por ahí.
Vamos a destripar lo que significa cada numerito, cómo se clasifican los famosos E y por qué deberíamos agradecer que estén ahí (aunque suenen como claves de acceso a la NASA).
La letra "E" viene de Europa. Es la forma oficial de decir que un aditivo ha sido evaluado, aprobado y autorizado por la Unión Europea para su uso en alimentos. Y detrás viene un número que indica su función y familia química. No es aleatorio. Es ciencia organizada.
Sí. Absolutamente. Si están en una etiqueta, es porque han sido aprobados. Si no lo fueran, no estarían. Tan simple como eso. Todos los aditivos con número E han pasado por controles rigurosos de seguridad como:
E100 - E199: Dan color a los alimentos. Algunos vienen de la naturaleza, otros son sintéticos, pero todos están regulados. No pintan tus órganos por dentro. Solo hacen que el yogur no parezca yeso.
Ejemplos:
E200 – E299: Aquí vive nuestro protagonista: el ácido sórbico (E200). Evita que hongos, bacterias y levaduras monten la fiesta. Alargan la vida del alimento. No del consumidor. Pero lo primero es muy útil.
Ejemplos:
E300 – E399: Evitan que los alimentos se oxiden o se vuelvan más ácidos o básicos de la cuenta. Usados para estabilizar. No para disfrazar alimentos malos.
Ejemplos:
E400 – E499: Dan textura, evitan que todo se separe como en una relación fallida. Sin ellos, tendríamos yogures líquidos, mayonesas fallidas y natillas tristes.
Ejemplos:
E500 – E599: Hacen que el pan suba, que el polvo no se apelmace y que todo funcione como debe. Están en cantidades minúsculas. No afectan sabor, ni salud.
E600 – E699: Realzan el sabor sin añadir sal o azúcar. Inocuos… pero no necesarios. No son adictivos ni te "reprograman el cerebro", pero suelen estar en productos, no en alimentos.
Ejemplos:
E900 – E999: Aquí hay de todo: gases que conservan, siliconas alimentarias que dan brillo a los caramelos, y los más polémicos: los edulcorantes.
Ejemplos de edulcorantes intensos (muy dulces con poquísima cantidad):
Ejemplos de aditivos que son polialcoholes y son ideales para diabéticos y productos sin azúcar. El único inconveniente es que si te pasas, el baño te espera. Efecto laxante moderado. Esa tableta de turrón sin azúcar que te comes entera… saldrá, como quiera.
Lee las etiquetas, pero sin miedo. No te dejes engañar por etiquetas verdes o con hojas dibujadas.
Evita los bulos de internet. Y, sobre todo, no caigas en el mito de que lo químico es sinónimo de peligroso. Hasta el agua es química, todo es química.
La próxima vez que leas una lista de ingredientes y veas un E-número, no pienses en códigos secretos. Piensa en seguridad alimentaria, en control, en ciencia aplicada para que tu comida no se estropee antes de que llegue a tu plato. Porque lo importante no es que suene raro, sino que esté bien evaluado.