MEDICINA ESTÉTICA

El secreto de un rostro descansado: ¿Ácido hialurónico o neuromoduladores?

No es una cuestión de moda ni de lo que se lleva esta temporada. Elegir el tratamiento estético adecuado depende de entender qué le pasa a tu cara y qué quieres conseguir.

Mujer mirándose el rostroMagnific

Antes de cualquier intervención, el primer paso esencial es realizar un ejercicio de autoconocimiento facial. Conocer tu tipo de piel y anatomía es la única forma de garantizar resultados armónicos y seguros. Solo entendiendo tu base única podrás elegir el tratamiento que realmente potencie tu mejor versión.

Así que, antes de hablar de productos o técnicas, hay una premisa que los buenos profesionales de la medicina estética repiten sin cesar: no existe una solución universal. Para ello, contamos con el doctor Fabio Vieira, director de Clínica Vieira en Barcelona, que nos explica que "hay que tratar cada rostro de forma personalizada".

Eso significa que la pregunta no es qué tratamiento está de moda, sino qué necesita tu piel, tu estructura ósea y tus objetivos concretos. Dos tratamientos protagonizan hoy la mayoría de las consultas: el ácido hialurónico y los neuromoduladores. Actúan de forma completamente distinta, y conocer esa diferencia lo cambia todo.

Mujer realizándose un retoque estético | Magnific

Ácido hialurónico: cuando lo que falta es volumen

El ácido hialurónico se ha convertido en el gran referente de la medicina estética no quirúrgica porque hace algo que ningún otro tratamiento consigue de forma tan natural: devolver volumen allí donde el tiempo lo ha robado.

Es el tratamiento de referencia para los labios, donde aporta elasticidad y armonía sin ese efecto sobredimensionado que tanto se teme, pero también para corregir arrugas, tratar las ojeras y redefinir el mentón.

Mujer realizándose un retoque estético | Magnific

En el contorno de ojos, zona especialmente delicada por el grosor de la piel, se utiliza una fórmula no reticulada que, más allá de rellenar, estimula la microcirculación y favorece la regeneración del colágeno.

Y en el mentón, uno de los tratamientos con mayor crecimiento en los últimos años, permite tanto masculinizar rasgos como triangular el óvalo facial o recuperar el volumen perdido con el paso del tiempo, todo de forma ambulatoria y con recuperación inmediata.

Mujer mirándose las arrugas | Magnific

Neuromoduladores: suavizar sin congelar

Los neuromoduladores trabajan con una lógica diferente: no añaden ni rellenan, sino que relajan. Su diana principal es la musculatura facial responsable de los gestos repetidos que, con el tiempo, acaban grabándose en la piel.

El entrecejo es el ejemplo más claro. Fruncirlo miles de veces a lo largo de los años genera tensión y líneas que van haciéndose cada vez más profundas. Pero aquí viene el matiz que distingue un buen tratamiento de uno que no lo es: no se trata de inmovilizar, sino de afinar.

Mujer realizándose un retoque estético | Magnific

Como insiste el Dr. Vieira, "la clave está en saber dónde, cómo y cuánto". El objetivo es una mirada más descansada y una expresión más armoniosa, no un rostro inexpresivo. La precisión, en este caso, lo es todo.

¿Y si necesito los dos?

En muchos casos, la respuesta más inteligente no es elegir uno u otro, sino combinarlos de forma estratégica. Hay zonas donde lo que falla es el volumen, y ahí el ácido hialurónico es insustituible, y zonas donde el problema es la tensión muscular acumulada, donde los neuromoduladores marcan la diferencia.

Un enfoque global del rostro, que tenga en cuenta su estructura, su gestualidad y sus cambios con el tiempo, es lo que permite obtener resultados que se ven naturales precisamente porque lo son.

Mujer mirándose las arrugas | Magnific

La medicina estética ha evolucionado mucho. Ya no se trata de borrar años a cualquier precio, sino de entender el rostro y acompañarlo con inteligencia.

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