MUY IMPORTANTE
Con la llegada de la primavera, no solo cambia el armario o el estado de ánimo. El organismo también experimenta una transición que afecta a los niveles de energía, la hidratación, la digestión e incluso al aspecto de la piel.
Tras los meses fríos, el cuerpo pide alimentos más ligeros, frescos y ricos en agua, vitaminas y antioxidantes. Y ahí es donde las frutas y verduras de temporada se convierten en las auténticas protagonistas.
La doctora María José Crispín explica que consumir productos en su momento óptimo de recolección permite aprovechar mejor todos sus nutrientes esenciales. "Las frutas y verduras de temporada conservan una mayor concentración de vitaminas, antioxidantes y compuestos bioactivos, además de ofrecer un sabor y una textura mucho más naturales", señala la especialista.
Más allá de una tendencia healthy o sostenible, apostar por productos estacionales es una forma inteligente de adaptar la alimentación a las necesidades reales del cuerpo en cada época del año.
La primavera llega cargada de color y sabor. En los mercados empiezan a aparecer algunas de las frutas más apetecibles del año: fresas, nísperos, cerezas y albaricoques. También siguen presentes cítricos como las naranjas y limones, perfectos para reforzar las defensas y aportar vitamina C.
En cuanto a las verduras y hortalizas, es el momento ideal para disfrutar de espárragos, alcachofas, guisantes, habas, espinacas, lechugas, rábanos o zanahorias. Todos ellos contienen una elevada densidad nutricional, algo que se traduce en más sabor y más propiedades beneficiosas.
Además, muchos de estos alimentos tienen un alto contenido en agua y fibra, lo que ayuda a mejorar la digestión y combatir la sensación de pesadez típica de los cambios de estación.
Uno de los beneficios más visibles de consumir frutas y verduras de temporada se refleja en la piel. Los alimentos primaverales son especialmente ricos en antioxidantes naturales, carotenoides y polifenoles, compuestos que ayudan a combatir el estrés oxidativo y protegen frente al envejecimiento prematuro.
Las fresas, por ejemplo, son una excelente fuente de vitamina C, fundamental para estimular la producción de colágeno. Las zanahorias y espinacas aportan betacarotenos, aliados para potenciar la luminosidad natural y preparar la piel frente a la exposición solar. Y verduras como el pepino o el apio contribuyen a mantener la hidratación desde dentro.
El resultado es una piel más fresca, luminosa y uniforme, algo especialmente importante justo antes de la llegada del verano.
Incorporar frutas y verduras de temporada en la rutina diaria es mucho más sencillo de lo que parece. La clave está en pequeños cambios cotidianos capaces de transformar la calidad nutricional de la dieta sin necesidad de seguir planes estrictos ni recetas complicadas.
Un desayuno con yogur natural, avena y fresas puede convertirse en una combinación perfecta de fibra, antioxidantes y proteína. También funcionan muy bien las tostadas integrales con queso fresco y fruta de temporada o los batidos verdes elaborados con espinacas, fresas y bebida vegetal.
A la hora de la comida, las ensaladas completas con hojas verdes, espárragos, habas o rábanos son una opción ligera y saciante, especialmente si se combinan con proteína de calidad como huevo, pollo o legumbres. Por la noche, las cremas de guisantes o espárragos son ideales para facilitar la digestión y aportar sensación de bienestar.
Cada primavera resurgen como tendencia, pero los batidos elaborados con frutas y verduras frescas tienen detrás una explicación nutricional real. Según Crispín, este tipo de preparaciones ayudan a hidratar el organismo, aportan antioxidantes y favorecen una alimentación más rica en micronutrientes.
Eso sí, la especialista recomienda priorizar siempre las verduras frente a la fruta para evitar un exceso de azúcar natural. Una combinación equilibrada podría incluir espinacas, pepino o apio junto con fresas o nísperos y una base de agua o bebida vegetal.
Además de resultar prácticos y rápidos de preparar, son una forma sencilla de aumentar el consumo de vegetales en personas que normalmente no llegan a las cantidades recomendadas.
Elegir productos de temporada también tiene un impacto positivo más allá de la salud personal. Consumir alimentos locales y estacionales favorece la agricultura de proximidad, reduce la huella de carbono y promueve una alimentación más sostenible.
Pero quizá el mayor beneficio sea recuperar una forma de comer más conectada con los ritmos naturales del cuerpo y del entorno. Frente a las dietas milagro y las tendencias extremas, volver a lo básico puede ser el gesto wellness más inteligente de la temporada.
Porque a veces cuidarse empieza con algo tan simple como llenar la cesta de la compra de color, frescura y alimentos que están viviendo, igual que nosotros, su mejor momento del año.