Tragedia Adamuz
Mientras el presidente del Gobierno defendía en el Congreso la inversión y el estado de la red ferroviaria, una pasajera del Alvia accidentado relata su experiencia, cuestiona la gestión posterior y reclama respeto y soluciones.
La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso sobre el accidente ferroviario de Adamuz volvió a situar el foco en las cifras: inversión, mantenimiento, protocolos y estándares europeos. Pero lejos del hemiciclo, el relato de quienes iban dentro del tren aporta una mirada distinta, marcada por la incertidumbre, el dolor y la sensación de desamparo. Es la mirada de Lola Beltrán, una de las supervivientes.
"Yo soy Lola Beltrán, iba en el Alvia, en principio en el vagón 3, pero me cambié al 5". La frase resume una decisión que, en su caso, fue determinante. "Yo me cambié del vagón 3 al 5 para ir con una de mis compañeras de las que íbamos al examen de oposiciones. Veníamos del examen de oposiciones porque nos tocó a cada una en un vagón, y una de ellas no quería ir sola y estaba nerviosa por cómo le había salido el examen, y al final es mejor ir acompañada en un viaje que era largo, y decidí cambiarme yo con ella".
En el vagón 3 hubo fallecidos y heridos de gravedad. En el 5, explica, la situación fue diferente. "Y gracias a eso estoy viva, estoy bien, no tengo lesiones importantes, y bueno, fue un golpe de suerte, no era mi día, no era mi momento, llámalo como quieras". Aun así, el impacto le dejó secuelas: "Yo tengo una rectificación importante del cuello, tengo algunas fracturas, pero no son importantes. Me voy a recuperar bien, y como soy joven y tal, va a ir todo bien". Lola tiene 36 años.
Beltrán ha presentado denuncia. "Yo he denunciado también por la atención que hemos tenido, porque se han retrasado mucho las pruebas médicas, la rehabilitación, el seguro de Adif o de Renfe, el seguro de pasajeros, que no sé muy bien a quién le pertenece. No nos lo están poniendo fácil". Insiste en que el hecho de no tener lesiones graves no minimiza lo ocurrido: "Que yo no tenga lesiones importantes no significa que no tenga lesiones que a largo plazo me puedan perjudicar".
La atención sanitaria inmediata es otro de los puntos que cuestiona. "Yo llego a Adamuz y como salgo por mi propio pie y aparentemente estoy bien, me miran por encima, me tienen un poco en observación, pero nos dicen que nos vayamos, que todos lo que estemos más o menos bien, que nos vayamos". Reconoce el contexto: "Allí era un caos, yo también comprendo que la atención de emergencia la necesitaban otras personas, y yo a ellos no los critico ni nada porque es demasiado". Sin embargo, su crítica se dirige a lo que vino después: "Sí critico un poco la falta de atención que ha habido cuando hemos llegado a Huelva. O sea, a lo mejor para verte cómo tenías la columna y todo eso, ni citas, ni nada".
"En urgencias tampoco te echaban la cuenta que necesitabas, y era como, bueno, los mareos, los vómitos y tal, pues son del golpe. Bueno, es del golpe, pero tú no sabes si tengo algo roto, el golpe fue importante. Y yo, por ejemplo, salí despedida del vagón, entonces es importante, ¿no? Tú no sabes si tenía algo".
También echa en falta apoyo psicológico inmediato. "Tampoco en urgencias nos dijeron, oye, vas a hablar con una psicóloga, vas a estar aquí un rato, habla con ella". La llamada de la operadora llegó más tarde: "Renfe a los días nos llamó por si necesitábamos atención psicológica, pero como a la semana o así. Pero bueno, esa semana, ¿cómo la pasamos nosotros?".
Sobre los minutos posteriores al accidente, su relato contradice algunas versiones que han circulado. "Yo fui una de las personas que llamó al 112. Entonces, para empezar, el 112 no nos cogía el teléfono. No sé si era porque las líneas estaban colapsadas o... no lo sé". Cuando lograron contactar, asegura que hubo confusión inicial sobre el tren implicado. Y añade: "No me puedes decir que allí llegaron los sanitarios a los 15 minutos, porque no es verdad".
Recuerda cómo los primeros en organizar la evacuación fueron los propios pasajeros que viajaba en el tren. "Cuando llega el primer guardia civil, porque es uno de nuestros compañeros que iba en el vagón el que va a buscar ayuda, podría haber pasado una hora". Después, caminaron por la vía hacia un punto donde sí había ambulancias. "Por el camino me voy cruzando con bomberos y con sanitarios, que los sanitarios no podían llegar con las ambulancias, iban con las camillas a cuestas". Y matiza: "Que por supuesto no es culpa de ellos, eso es los medios, si no tienen medios, ellos hacen lo que pueden con los recursos que tienen".
Mientras en el Congreso se cruzaban reproches sobre porcentajes de inversión y evolución del gasto, Lola escuchaba con indignación. "A mí esto me parece una vergüenza porque están utilizando el accidente para ganar votos de un partido y de otro y aquí lo que se trata es de buscar soluciones para que no vuelva a ocurrir". Asegura que no le importa el color político: "Me da igual que el que esté gobernando sea A, B o C… Lo que se trata es que aquí los españoles pagan sus impuestos y que por lo menos se vean seguros".
Se siente, además, poco acompañada institucionalmente. "Nadie nos ha dicho esto, cómo proceder, cómo funciona, nadie nos ha dicho nada del tema económico". Y va más allá: "Aquí los que estamos aquí, nadie nos ha mandado una carta, nadie nos ha dicho un correo, un Whatsapp". Para ella, el respeto “no es económico”. Reclama algo más sencillo y, a su juicio, más humano: "No sé, una disculpa o… algo".
Su testimonio termina con una pregunta que resume el desconcierto de muchos supervivientes: "Vale, que me parece muy bien, pero la solución a esto, ¿cuál es? ¿Y las soluciones? ¿Qué va a pasar? ¿Qué se va a hacer?".
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