Estados Unidos
Este tira y afloja no es algo nuevo: desde 2018 la relación entre Estados Unidos y el Ejecutivo de Pedro Sánchez se ha visto envuelta en polémicas y atravesado fases de tensión. Frialdad diplomática e incluso amenazas directas que han marcado los principales momentos de fricción entre Washington y Madrid.
Una relación marcada por el gasto militar y la presión geopolítica: desde la llegada de Pedro Sánchez al poder en junio de 2018, la relación no ha estado exenta de controversias. Apenas un mes después de asumir el cargo, el presidente español se enfrentó a su primer gran choque diplomático con la administración de Donald Trump durante la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas. En aquella reunión, Trump señaló públicamente a España como uno de los países que menos contribuían al gasto militar de la Alianza Atlántica. Con un gasto cercano al 0,9% del PIB, muy lejos del objetivo del 2%, España quedó en el punto de mira de Washington.
El siguiente choque relevante llegó en 2019, cuando el Ejecutivo español impulsó la conocida como 'tasa Google', un impuesto dirigido a las grandes tecnológicas estadounidenses. La reacción de Washington fue inmediata: amenazas de aranceles a productos emblemáticos españoles como el vino, el aceite o el queso, además de la apertura de una investigación comercial formal. Este episodio marcó uno de los momentos más delicados de la relación bilateral en el ámbito económico. El triunfo de Joe Biden en 2020 supuso un giro en el clima diplomático. La relación pasó de la confrontación abierta a una cooperación más pragmática. Sin embargo, el inicio no estuvo exento de polémica: el breve encuentro entre Biden y Sánchez durante la cumbre de la OTAN de 2021, que apenas duró unos segundos, fue interpretado en España como una señal de escasa relevancia internacional.
El punto de inflexión llegó en 2022 con la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid. En ese contexto, Estados Unidos anunció el refuerzo de su presencia militar en la base naval de Naval Station Rota, aumentando el número de destructores desplegados de cuatro a seis. El acuerdo consolidó el papel estratégico de España en el flanco sur de la Alianza y fue considerado un éxito diplomático para el Gobierno español. Aun así, la presión estadounidense sobre el gasto en defensa sigue vigente.
Washington insiste en que España debe alcanzar el 2% del PIB en inversión militar. En 2024, el Gobierno español formalizó el compromiso de llegar a esa cifra en 2029, una decisión valorada positivamente en Estados Unidos, aunque considerada tardía por algunos aliados.
La evolución de esta relación la marca un recorrido de tensiones iniciales, enfriamiento diplomático y posterior cooperación estratégica. Hoy, la alianza está bajo la constante exigencia de que España aumente su contribución militar en un tablero internacional cada vez más inestable.
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