suecia
Un hombre sueco, acusado de haber drogado durante tres años a su esposa para que más de 120 hombres la violaran.
La Fiscalía sueca ha presentado formalmente cargos contra un hombre de sesenta años, residente en Ångermanland, en el norte del país, acusado de proxenetismo grave, violaciones, múltiples intentos de violación, abusos y amenazas por haber vendido los servicios sexuales de su esposa durante tres años a más de 120 hombres. La información fue confirmada por la fiscal a cargo del caso, Ida Annerstedt.
El individuo, detenido desde octubre tras una denuncia de su mujer, con quien está en trámites de divorcio, supuestamente colocaba anuncios en internet, coordinaba las citas, decidía los actos sexuales que debía realizar su esposa, fijaba precios y pagos, y grababa los encuentros, tanto de manera presencial como digital, según informó la televisión pública SVT.
La Fiscalía señala que el hombre drogaba sistemáticamente a la mujer, quien acabó desarrollando una fuerte dependencia a las sustancias. Además, se ha podido conocer que para asegurar un control absoluto, el acusado había instalado cámaras en toda la casa, monitorizando cada movimiento de la víctima, que vivía bajo la coacción de ser quemada viva con gasolina o sufrir la amputación de sus dedos si intentaba rebelarse o pedir ayuda.
El detenido, que se hacía llamar a sí mismo "el monstruo", ya se le investigó hace dos años por abusos a su mujer, aunque el caso fue cerrado. Por otro lado, también ha podido conocerse su vinculación a la banda de moteros “Ángeles del Infierno” y su anterior condena por maltrato y coerción, entre otros delitos, por lo que cumplió una pena de cinco meses en prisión, informan medios suecos.
La Fiscalía prepara cargos por proxenetismo agravado, un delito que en Suecia puede acarrear penas de entre dos y diez años de prisión, a pesar de ello, el hombre niega las acusaciones y, hasta el momento, las autoridades no han revelado la identidad de la pareja. Mientras tanto, el caso vuelve a poner bajo escrutinio el llamado “modelo sueco” sobre prostitución: una política que castiga la demanda y el lucro, pero que sigue dejando zonas grises cuando la explotación ocurre de manera clandestina.
La legislación sueca penaliza la compra de servicios sexuales y el proxenetismo, incluso sin contacto físico, como lo son los servicios realizados por internet. Pero no castiga a quienes venden sexo, a quienes el sistema considera víctimas de explotación. En este marco, dos hombres sospechosos de haber comprado sexo con la mujer ya han sido acusados, y la fiscalía no descarta presentar cargos contra más implicados. De ser hallados culpables, podrían enfrentar hasta un año de prisión.
El caso, que ha provocado comparaciones con el de la francesa Gisèle Pelicot, cuyo esposo fue condenado a 20 años de prisión por drogarla y ofrecerla a medio centenar de personas para que fuese violada, llegará a los tribunales el próximo 13 de abril.
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