TRECE DE ELLOS MURIERON
Las excursiones al Everest están paralizadas tras la muerte de trece sherpas. Los alpinistas profesionales denuncian que la cima más alta del mundo se ha convertido en un lugar turístico al que algunos van sin experiencia en montañas.
Cerca de mil personas apuestan cada año por coronar la cima más alta del planeta. El Everest, con sus casi nueve mil metros de altura, siempre ha sido un desafío para alpinistas expertos. Pero ahora se ha convertido en un destino de turismo vacacional. Y es que los precios han descendido para atraer más visitantes, llegándose a pagar unos 70.000 euros por los dos meses que dura la expedición.
Los viajeros pueden organizar el viaje por su cuenta con un guía o contratarlo todo a través de una agencia especializada en expediciones de alta montaña. Aún así, no existen filtros rigurosos para descartar viajeros por su inexperiencia. Según Cristina Bernat, directora de una agencia, tienen que fiarse de su palabra: "No les pedimos ninguna documentación, depende de lo que nos cuenten desaconsejamos una montaña u otra".
Muchos denuncian que tanta aglomeración es peligrosa por las filas de montañeros que se llegan a formar. Una situación que no se producirá esta temporada. Está paralizada por una huelga de sherpas. Reclaman mejores condiciones tras el accidente que acabó con la vida de trece de sus compañeros y la desaparición de otros tres.
Según el alpinista Darío Rodríguez, "el 99% de la gente que llega al Everest es gente con poca experiencia, incluso algunos de ellos es la primera montaña que pisan".
La situación en Portugal con el fuego sigue preocupando más allá de sus fronteras. En Francia se ha declarado un nuevo incendio cerca de Marsella que tensiona aún más a los equipos de extinción. En Grecia no son ajenos ni mucho menos, una vez más con un verano trágico, y Turquía sufre también este desastre.
Washington responde militarmente después del ataque a un gasero y crece la preocupación por una nueva escalada del conflicto en Oriente Medio.