Estados Unidos
La familia de la joven ha presentado una demanda contra el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles.
Khimberly Zavaleta Chuquipa, una joven de 12 años, murió a los pocos días de ser golpeada en la cabeza con una botella de agua metálica. Fue el 17 de febrero cuando, durante una pelea en el colegio, le agredieron. La menor se quejó y varios días después fue trasladada de urgencia a un hospital donde falleció.
En el centro hospitalario iba a someterse a una cirugía cerebral, inducida a un coma artificial, pero falleció. Su familia ha presentado una demanda contra el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles alegando que había sido acosada en multitud de ocasiones en el campus, acciones que el personas del centro no tomó en serio.
Además, el pasado mes de abril el Departamento de Policía de Los Ángeles arrestó a un menor sospechoso de asesinato en relación con la muerte de Khimberly. Pero este martes, el médico forense ha dictaminado que la muerte de la joven fue por causas naturales y no un homicidio.
El forense atribuye la causa a una "ruptura espontánea" de vasos sanguíneos en el cerebro. Esta, según el profesional, se debe a una afección médica preexistente: una malformación arteriovenosa cerebral. Es decir, una afección poco común presente al nacer, en la que las arterias del cerebro se agrupan muy juntas, lo que aumenta el riesgo de que se rompan.
El médico forense jefe, Dr. Odey Ukpo, declaró que "las malformaciones arteriovenosas (MAV) son un conjunto de vasos sanguíneos frágiles, enredados y de alta presión, propensos a romperse espontáneamente, especialmente cuando se localizan en la región del cerebro, como se descubrió en el caso de Khimberly", según 'Los Angeles Times'.
Y matizó que "una hemorragia catastrófica debida a una ruptura se produce rápidamente —en cuestión de segundos o minutos— y supone una amenaza inmediata para la vida".
Los informes señalas que la joven recibió un golpe en la parte posterior de la cabeza pero no hay un vínculo que relaciones ese incidente con la hemorragia cerebral posterior. El socio del bufete de abogados Panish Shea Ravipudi, Glassman, explicó que "era una niña sana y vital de 12 años años, sin síntomas, sin crisis médica y sin indicios de que su MAV presentara algún peligro para su vida", antes del golpe.
Tras este, "se quejó de un fuerte dolor de cabeza y, en cuestión de días, sufrió una hemorragia cerebral catastrófica que le costó la vida". Sin embargo, el dictamen del médico forense no afecta al caso civil, que trata sobre la inacción del distrito para proteger a un niño en situación de vulnerabilidad, asegura Glassman.
Además, afirma la "afección subyacente" de la joven, haciéndola "más vulnerable a las lesiones", pero no por ello se "justifica la conducta que provocó su muerte".
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