Caso Epstein
Los archivos judiciales desclasificados en Estados Unidos sitúan a un ciudadano francoargelino afincado en Barcelona como intermediario clave de Jeffrey Epstein en España. La documentación detalla un sistema de captación, evaluación y tránsito de jóvenes mujeres con la capital catalana como enclave estratégico.
Los archivos judiciales desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos muestran que Jeffrey Epstein contó durante años con un intermediario de confianza en Barcelona para localizar y poner en contacto a jóvenes mujeres con su entorno. Se trataría de un ciudadano francoargelino con vínculos en el mundo de la moda y una agenda internacional que incluía Francia, Marruecos y España.
Los documentos reconstruyen el funcionamiento de la red de intermediación desde territorio español y el papel desempeñado por este sujeto, que residía en Barcelona al menos desde 2016. En sus comunicaciones con Epstein, describía la ciudad como un lugar “lleno de vida” y un punto idóneo para trabajar con agencias de modelos y contactos del sector.
Los intercambios entre ambos reflejan con crudeza el método empleado. Epstein solicitaba imágenes y datos personales de las jóvenes para poder “evaluarlas” previamente. “Hazle una foto de cuerpo entero”, escribe en uno de los mensajes que recoge 'El Español'. Siad respondía enviando fotografías y comentarios sobre el físico, la edad o la actitud. En otro intercambio, tras remitir imágenes, afirmaba sin rodeos: “Tiene 20 años, pero parece menor”.
El tono de las conversaciones va más allá de una supuesta gestión profesional. Epstein opina abiertamente sobre el cuerpo de las jóvenes, mientras este ciudadano francoargelino actúa como facilitador, aportando contexto personal, justificando decisiones pasadas o explicando intervenciones estéticas. Su papel no se limitaba a poner en contacto a terceros: también actuaba como operador logístico, organizando alojamientos temporales, gestionando desplazamientos y coordinando viajes a otros países europeos y fuera del continente.
La mecánica se repite de forma constante: identificación de perfiles, acogida inicial con manutención o dinero de bolsillo bajo la promesa de una salida profesional y, finalmente, movilidad internacional. España aparece como un eslabón intermedio, un punto de evaluación y trampolín hacia otros destinos.
Estos archivos judiciales confirmarían que su radio de acción fue amplio, con Barcelona como una de sus bases más estables en Europa. No constan imputaciones en España por estos hechos, pero sí una huella documental que sitúa a la capital catalana como un nodo relevante dentro del entramado de Epstein.
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