Pacto nuclear
La reunión en Omán llega tras la presión de nueve países árabes y tras finalizar el tratado Nuevo START con Rusia, que abre una nueva era de incertidumbre nuclear.
Estados Unidos e Irán volverán a sentarse a negociar este viernes en Omán para abordar el programa nuclear iraní, en un contexto de máxima tensión diplomática y amenazas directas del presidente Donald Trump. La cita se produce después de que Washington cancelara inicialmente el encuentro, al rechazar Teherán que se celebrara en Estambul y exigir que fuera una reunión exclusivamente bilateral y centrada únicamente en su programa nuclear, dejando fuera sus sistemas de misiles.
Finalmente, la administración Trump ha accedido a mantener las conversaciones tras la presión de nueve países árabes aliados de Estados Unidos, que temían que la cancelación desembocara en una escalada militar directa contra Irán. Desde la Casa Blanca, fuentes consultadas reconocen off the record un profundo escepticismo sobre las posibilidades de éxito del encuentro y aseguran que la decisión responde más al respeto hacia los aliados regionales que a una expectativa real de avances.
La delegación estadounidense estará encabezada por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y por el yerno del presidente, Jared Kushner. Ambos mantendrán este jueves reuniones en Catar con las autoridades del país para coordinar posiciones antes de viajar a Omán, donde se producirá el contacto directo con Irán. El ministro de Exteriores iraní ha confirmado la cita a través de un mensaje en redes sociales.
Pese a la reapertura del diálogo, Trump no ha rebajado el tono. En declaraciones recientes, ha lanzado una advertencia directa al ayatolá: “Yo diría que debería estar muy preocupado”.
Este jueves expira el tratado Nuevo START, el último gran acuerdo de control nuclear entre Estados Unidos y Rusia, poniendo fin a más de medio siglo de intentos por limitar los arsenales atómicos de las dos mayores potencias nucleares del planeta. El tratado, firmado en 2010 y prorrogado en 2021, establecía un tope de 1.550 ojivas nucleares desplegadas por cada país, además de mecanismos de verificación destinados a evitar errores de cálculo y malentendidos estratégicos.
Su expiración deja al mundo sin ningún marco legal que regule los arsenales de Washington y Moscú, en un momento de máxima desconfianza mutua y de deterioro de las relaciones internacionales. “Lo que genera es un mayor nivel de incertidumbre y sobre todo un mayor riesgo de una carrera armamentística nuclear, que ya estamos observando en términos de armamento convencional”, nos ha afirmado Ruth Ferrero, experta en relaciones internacionales, y profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense.
El presidente ruso, Vladímir Putin, ha sugerido que ambas partes podrían respetar de forma voluntaria los límites actuales, no existe ningún compromiso vinculante que garantice su cumplimiento. Por su parte, Donald Trump ha calificado la propuesta rusa como una “buena idea”, pero ha insistido en que preferiría negociar un nuevo acuerdo “mucho mejor”, que incluya no solo a Rusia, sino también a China. Precisamente, el creciente papel de Pekín en el tablero nuclear es uno de los grandes factores que complican cualquier intento de renovación. China, que hasta ahora ha mantenido un arsenal mucho menor, está modernizando y ampliando rápidamente sus capacidades nucleares, lo que preocupa tanto a Washington como a Moscú.
Ahora, según Ferrero, se abre un escenario de incertidumbre que podría arrastrar también a otras potencias y debilitar aún más el frágil equilibrio de seguridad global.
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