REPASO A SUS FRASES MÁS CONTROVERTIDAS
El expresidente de la CEOE, detenido por un presunto delito de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales, ha protagonizado algunos episodios polémicos al frente de la patronal y de la empresa Marsans. Llegó a afirmar que "la mejor empresa pública es la que no existe".
Gerardo Díaz Ferrán y su socio Gonzalo Pascual aparecían hace cuatro años en la listas de las mayores fortunas de nuestro país. Sin embargo, la Policía ha detenido hoy al expresidente de la CEOE y cofundador de Marsans por un presunto delito de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales a raíz de una denuncia presentada por varias empresas del sector.
Los últimos años los ha pasado dejando causas abiertas con la Justicia y frases difíciles de olvidar. Un ejemplo fue el 15 de octubre de 2009, cuando aseguraba que "hay que trabajar más y ganar menos para salir de la crisis". O también en junio de 2007, cuando en su toma de posesión como presidente de la CEOE y dejó toda una declaración de intenciones: "la mejor empresa pública es la que no existe", afirmaba. Dos años después es a él a quien le dicen que la mejor empresa es la que paga.
Tras ocho meses sin abonar nóminas, un juez británico inmovilizó Air Comet. Hubieron 25.000 afectados, una Nochebuena inolvidable en el aeropuerto para 6.000 de ellos y un agujero de 259 millones de euros.
Lo siguiente fue un titular memorable, por hiriente, el 23 de diciembre de 2009: "Yo no hubiera elegido Air Comet para volar a ningún sitio", sentenció.
En 2010 cae todo el Grupo Marsans y le investigaron por una presunta apropiación indebida de casi cuatro millones y medio de euros. Le empiezaron a salir tantos agujeros que hizo suyo el refrán de 'remendando y zurciendo vamos viviendo'.
En marzo de ese año, el ministerio de Economía disuelvió Seguros Mercurio, también del Grupo Marsans. Por esta quiebra, Díaz Ferrán y su socio fueron declarados culpables hace siete meses y fueron inhabilitados para administrar bienes ajenos durante 15 años.
Encontrar una vivienda asequible en el centro de las grandes ciudades españolas se ha convertido en una misión prácticamente imposible. Ante los precios disparados en distritos céntricos de Madrid o Barcelona, miles de familias, jóvenes e inmigrantes han trasladado su búsqueda hacia la periferia, históricamente más barata.