OKUPACIÓN
Es la denuncia de Nieves Pena, de 78 años, propietaria de una vivienda de Moaña que fue ocupada en enero. La presión vecinal consiguió el desalojo en marzo, pero la casa ha quedado inservible.
La casa está vacía, pero inhabitable. Una semana después de que una pareja de okupas abandonara la vivienda, en la calle Méndez Núñez, en Moaña, el interior sigue siendo un foco tóxico: basura acumulada, heces, muebles destrozados, restos de consumo de droga y un olor que, según la propietaria, "cada día es peor".
"Será necesario retirar todos los muebles y todas las cosas que dejaron. Yo, con casi 79 años, no puedo hacerlo, y las empresas que pueden ayudarme a vaciar la casa me cobrarían 20.000 euros. Es algo que no puedo asumir", explica Nieves Pena, dueña del inmueble, que no residía en él.
Su relato arranca el 30 de enero. "Entraron ese día. Cambiaron la cerradura y ya no pudimos abrir", cuenta. Llamaron a la Guardia Civil, pero no consiguieron echarlos. "Al parecer, tenían tickets de la compra de hacía tres días y los agentes nos dijeron que no podían hacer nada".
Durante un mes y medio, la vivienda permaneció ocupada por una pareja. En ese tiempo, según los vecinos, se convirtió en un foco de problemas: consumo de drogas, robos en la zona y, finalmente, un incendio.
"Cocinaban con madera. Salía humo por las ventanas. Pasamos por casualidad y vimos aquello… fue una ansiedad tremenda", relata la propietaria. Los bomberos tuvieron que intervenir, pero el episodio no fue suficiente para desalojar de inmediato a los ocupantes.
La salida llegó el 12 de marzo. No por vía judicial, sino por presión vecinal. "Se juntó muchísima gente aquí", recuerda Nieves. La negociación fue directa: 50 euros y comida a cambio de abandonar la vivienda. "Primero dijeron que sí, luego querían más. Al final se fueron porque estaban desesperados con el mono".
La resolución del conflicto quedó en manos de los propios vecinos. "Esto es lo que más duele", insiste la propietaria. "No solo que te ocupen la casa, es todo lo que viene después". Vaciar, limpiar y desinfectar la vivienda supone un coste que, en su caso, no puede asumir. "¿Quién paga todo esto?", se pregunta.
El Ayuntamiento de Moaña ha iniciado gestiones para ayudar en la retirada de enseres, pero los daños estructurales y los objetos robados quedan fuera. "No hablamos solo de limpiar. Lo rompieron todo. Se llevaron cosas. Eso no lo cubre nadie. Debería pagarlo el estado", denuncia.
El caso de Nieves no es aislado, según los vecinos. Iria Francisco, administradora de un grupo vecinal creado tras estos episodios, describe un deterioro progresivo de la convivencia. "Empezó con esta casa, pero no es solo esto. Hay un descontrol total con drogas y robos", afirma.
El grupo, que ya reúne a unos 200 vecinos, funciona como red de alerta. "En cuanto alguien ve algo raro, avisa. Y la policía responde rápido. Pero eso no evita que pase", explica.
Según su testimonio, los delitos se repiten con un patrón similar: entradas en viviendas vacías, robos en vehículos y venta posterior de objetos sustraídos. "Van por el pueblo ofreciendo móviles, tablets… lo que encuentran".
El problema, coinciden, va más allá de un caso puntual. "La gente tiene miedo. Hay personas mayores viviendo solas. ¿Tiene que pasar una desgracia para que cambie algo?", plantea.
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