En plató

El debate real sobre el cachetazo a tiempo: "Fue verle y me salió instintivo"

Se reabre el debate sobre si educar con algún que otro bofetón a los hijos se considera violencia doméstica o no.

El caso de un hombre de 70 años, absuelto después de haber sido condenado a ocho meses de prisión por dar un tortazo a su nieto de 19 años, ha reabierto el debate sobre si un bofetón o un cachete puede considerarse una herramienta válida para educar a los hijos. Una cuestión que genera opiniones enfrentadas entre quienes defienden la "mano dura" como método de corrección y quienes consideran que los límites deben establecerse siempre desde el respeto y el diálogo.

En plató contamos con Curra, madre de cuatro hijos de 35, 26, 23 y 12 años, que reconoce haber recurrido al cachete en alguna ocasión. "Con mis hijos intento negociar, pero cuando no atienden a razones y se ponen cabezones, sí le he dado algún cachete", explica.

Curra recuerda especialmente un episodio ocurrido cuando su hijo estaba en tercero de la ESO y el centro educativo la llamó para comunicarle que lo habían expulsado de clase. "Me salió instintivo: fue verle y le di el cachetazo", relata. Asegura que actualmente mantiene una buena relación con su hijo y que ninguno de sus hijos ha quedado traumatizado por estos episodios. Para ella, el hecho de que hoy sean "personas de provecho" es una muestra de que su forma de educar funcionó.

En el otro lado se encuentra Isabel, madre de tres hijos de 14, 13 y 11 años, que también reconoce haber recurrido a los cachetes en alguna ocasión, aunque admite que después se ha sentido mal. Por eso, ahora apuesta por hablar con sus hijos, explicarles las consecuencias de sus actos y establecer límites desde la calma. "Creo que se malinterpreta el autoritarismo y el poder que se tiene como madre con el libre albedrío", afirma, y defiende lo que denomina una "autoridad consciente": poner límites, pero sin recurrir a la violencia.

La educadora Valeria Aragón pone el foco en la importancia del ejemplo que reciben los menores. Considera que los niños interiorizan los comportamientos de sus figuras de referencia y tienden a reproducirlos. Por ello, advierte de que, si el modelo educativo se basa en la violencia, esta puede terminar normalizándose y convertirse en un patrón de conducta al que recurrir cuando algo no sale como esperan. El debate queda así abierto: ¿es un cachete una herramienta educativa o una forma de violencia que los adultos deben desterrar de la crianza?

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