TESTIMONIO

Pepe Navarro y el ataque de tiburones que vivió en Polinesia: "Solo pensaba en lo estúpido que era"

El presentador relató en La Mesa cómo un grupo de tiburones, dos de ellos de más de tres metros, les rodeó durante una inmersión y cómo el guía logró evitar el ataque.

Pepe Navarro contó en La Mesa su experiencia más cercana a la muerte, vivida como submarinista en Polinesia. Explicó que se produjo "de forma casual": durante una inmersión en un punto donde habitualmente se alimentaba a los tiburones, él y su grupo, siete u ocho personas más el guía, vieron acercarse a los animales. El guía dio la orden de moverse hacia otra zona para alejarlos, pero el plan no funcionó del todo: cinco o seis tiburones empezaron a seguirles, dos de ellos "de 3 metros, 3 metros y medio", es decir, casi el doble de tamaño que el resto.

Navarro recordó una regla básica del mundo submarino que en ese momento cobró todo su sentido: "Debajo del agua, o encima de la tierra, el animal grande se come al chico, el chico jamás atacará al grande". Los tiburones comenzaron entonces lo que él describió como "el ritual de ataque, que es rodearte y empezar a verlo". Para minimizar el riesgo, el guía organizó al grupo de nueve personas en tres niveles, tres cerca del fondo, tres en el medio y tres arriba, con el objetivo de generar "un gran volumen" que disuadiera a los animales de atacar.

Frente al peligro, Navarro aseguró no haber sentido miedo, sino otra cosa muy distinta: "Yo iba nadando y recuerdo que no tenía miedo, me sentía estúpido, me sentía ridículo. ¿Qué hago yo a 20.000 kilómetros de mi casa siendo el alimento de estos animales? Con lo bien que estaría yo en mi casa, ¿quién me manda a venir aquí? Te juro que jamás tuve miedo, solo pensaba en lo estúpido que era".

Cuando el guía ordenó detenerse, Pepe Navarro, que se declaró fascinado por estos animales: "a mí me encantan los tiburones, me parecen unos animales maravillosos", vio acercarse al ejemplar más grande y se quedó mirándolo fijamente. Fue solo un instante: se giró hacia sus compañeros para señalarles lo que estaba viendo y, al volver la vista atrás, la escena había cambiado por completo: "Me giro para atrás y solo veo burbujas y el tiburón ahí".