"La diferencia con antes es que ahora tenemos un colchón inmenso de maleza”. Con esa reflexión arrancó Roberto López, ganadero, en la que defendió que el abandono del campo y las trabas administrativas están detrás de la gravedad de muchos incendios forestales. “Antes se quemaba lo poco que había; ahora apagan el incendio y a los tres días vuelve a activarse porque sigue habiendo combustible”, afirmó.

El ganadero sostuvo que el principal problema no es únicamente la falta de medios para combatir el fuego, sino la imposibilidad de prevenirlo. Según explicó, la despoblación ha provocado que desaparezca el trabajo diario que antes mantenía limpio el monte. “Antes estaban en el pueblo y limpiaban porque en esa finca se plantaban patatas, pimientos o tomates. Ahora se fueron a la ciudad y nadie limpia nada”, aseguró, lamentando además que muchos ayuntamientos, en su opinión, tampoco cumplen con la obligación de actuar sobre las parcelas abandonadas.

Burocracia limitante

El ganadero también cargó contra la complejidad de la legislación forestal, denunciando que las normas se superponen entre administraciones y convierten cualquier actuación en un proceso, a su juicio, casi imposible. “Cada trozo de monte tiene una normativa diferente”, afirmó, criticando que las autorizaciones, las restricciones en espacios protegidos y la interpretación de la normativa por parte de la Administración dificulten la creación de cortafuegos o las labores de limpieza preventiva.

Como ejemplo, recordó su experiencia durante los incendios que afectaron a la provincia de Ourense el pasado año, donde aseguró haber conocido casos de propietarios que, según relató, no pudieron realizar talas controladas o desbroces preventivos por las limitaciones existentes en zonas protegidas. En su opinión, muchas de esas actuaciones habrían reducido el impacto del fuego, que finalmente acabó arrasando miles de hectáreas.

Roberto concluyó reclamando un cambio de enfoque en la gestión forestal y una mayor confianza en agricultores, ganaderos y vecinos del medio rural. “No se puede trabajar en el campo porque todo son problemas burocráticos”, afirmó, insistiendo en que quienes viven y trabajan en el territorio son “los primeros interesados en conservarlo” y reclamando una normativa que facilite la prevención antes de que sea el fuego quien termine haciendo el trabajo.

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