¿Es nuestro vecino un delincuente?

Los nuevos 'pisos de los horrores' ya están en tu edificio: el negocio ilegal se muda al rellano de casa

De narcopisos a burdeles clandestinos o centros de estafas: las redes criminales abandonan la calle y se esconden en apartamentos normales, puerta con puerta con familias.

Los 'pisos de los horrores' han cambiado de forma en España. Lo que antes se veía en la calle o en locales a la vista de todos ahora se esconde tras una puerta cualquiera de un bloque residencial. Talleres clandestinos, centros de estafas telefónicas, almacenes de falsificaciones, narcopisos o prostíbulos. El mapa de estos negocios ilegales no deja de crecer, reinventarse y colarse en nuestras ciudades.

“Ha ido de la calle a los pisos”, resume el inspector jefe de la Policía Nacional Serafín Giraldo, que advierte de cómo estas actividades han encontrado en los apartamentos un escondite perfecto.

Durante años, por ejemplo, la prostitución tenía direcciones reconocibles: clubes de carretera, polígonos industriales o barrios marginales. Hoy el escenario es muy distinto. “¿Qué pasa en los pisos? Que es mucho más difícil controlarlo por parte de la policía”, explica el inspector.

Prostibulos en el centro de la ciudad

Ahora los nuevos burdeles aparecen dentro de apartamentos residenciales, en edificios normales donde viven familias, jubilados o estudiantes. Un negocio clandestino que puede instalarse puerta con puerta con vecinos que no sospechan nada.

Los bloques de viviendas se han convertido en objetivo. Y quizá, sin saberlo, usted mismo podría tener uno de estos pisos ilegales al otro lado del rellano. El fenómeno también ha cambiado de mapa. En lugares como la Comunidad de Madrid, los focos antes estaban en barrios periféricos. Ahora han evolucionado hacia el centro de la ciudad e incluso hacia zonas de alto nivel económico.

Y no es un caso aislado. En Zaragoza, por ejemplo, un propietario denunció cómo su vivienda en pleno centro terminó convertida en un club de alterne clandestino.

Los narcopisos en el punto de mira

La transformación no afecta solo a la prostitución. Los narcopisos también han cambiado de estrategia. Hoy buscan lugares céntricos, bien comunicados y con aparcamiento cercano para facilitar el trasiego constante de compradores.

“Cualquier piso, incluso nuestros vecinos, pueden estar traficando con drogas. Y eso se puede detectar por la afluencia de personas que entran y salen”, advierte el inspector.

El problema para la policía es que estos lugares están protegidos por la privacidad del domicilio. Entrar en un piso requiere autorización judicial, un proceso que puede alargar las investigaciones. “Es un reto ahora mismo. Necesitamos autorización judicial y es más difícil conseguirla por las garantías legales que existen”, explica.

Mientras tanto, estos negocios invisibles siguen operando dentro de edificios completamente normales, mezclados con vecinos que muchas veces ni imaginan el infierno que puede estar ocurriendo al otro lado de la pared.

El mapa de la prostitución de España

El fenómeno se repite en toda España. Los mapas policiales muestran cómo la prostitución se concentra cada vez más en los centros urbanos, rodeada de viviendas. En Barcelona, por ejemplo, el 80% de estos pisos se localizan en el Eixample, uno de los barrios más céntricos y transitados de la ciudad.

En Málaga ocurre algo similar: los puntos se extienden también por el centro, en plena Costa del Sol, una de las zonas más exclusivas del país. Son solo algunos ejemplos de un fenómeno que ya no se esconde en los márgenes de la ciudad, sino que se instala en el corazón de los barrios.

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