NO SE LE ENTENDÍA AL HABLAR
Robert Pattinson, protagonista de The Batman y Crepúsculo, ha contado una anécdota sobre una experiencia en terapia en la que llegó a sentirse completamente incomprendido.
Robert Pattinson ha reflexionado sobre cómo la fama y la percepción pública de su imagen han marcado su forma de relacionarse con los demás, especialmente desde que se convirtió en un fenómeno global gracias a la saga Crepúsculo.
Durante una conversación con Zendaya para la revista Interview, con motivo de su nueva película juntos: El Drama, el actor ha explicado que no siempre ha sabido expresarse con facilidad en contextos personales, hasta el punto de protagonizar una escena tan absurda como incómoda en una sesión de terapia.
El intérprete ha recordado cómo un terapeuta llegó a cuestionar su estado mental durante una consulta: "Una vez fui a terapia y el terapeuta me preguntó si estaba drogado porque no entendía de qué hablaba", relata. Pattinson ha explicado que su reacción fue tan honesta como desconcertada: "Le dije: 'Estoy haciendo todo lo posible'".
El actor también ha hablado de cómo su etapa como ídolo adolescente en Crepúsculo condicionó su identidad pública: "Disfruté mucho haciendo las películas, pero también hubo una gran campaña de marketing detrás. No quería que mi identidad personal se viera afectada por eso, así que intenté potenciar un poco mi individualidad, y eso se me quedó grabado". Según explica, durante años sintió que muchas personas confundían su personalidad real con la de Edward Cullen.
En la charla, Zendaya ha aportado su propia percepción del actor tras conocerlo a través de amigos en común, entre ellos Tom Holland: "Siempre fuiste bastante tranquilo y relajado… No hablabas mucho, y yo pensaba: 'Uy, qué misterioso'", comenta la actriz. Pattinson ha respondido con ironía: "Ojalá pudiera seguir en el misterio", admitiendo que su silencio a veces se interpreta como frialdad o distancia.
Entre la presión de la fama y la construcción de una imagen pública, Pattinson reconoce que ha tenido que aprender a convivir con los malentendidos, incluso en espacios tan personales como la terapia, donde, paradójicamente, tampoco siempre se sintió comprendido.