SINCERIDAD ABSOLUTA

Hannah Murray (Juego de Tronos), captada por una secta, sufrió un brote psicótico y le diagnosticaron bipolaridad: "Pensé que podía volar"

La actriz Hannah Murray de Juego de Tronos, revela en sus memorias el infierno que vivió a los 27 años al unirse a una organización espiritual que la llevó a ser ingresada en un psiquiátrico y a recibir un diagnóstico de trastorno bipolar.

Hannah Murray, la actriz de 36 años que alcanzó la fama internacional dando vida a Cassie en Skins y, posteriormente, interpretando a Gilly durante cinco temporadas en Juego de Tronos, ha roto el silencio sobre la etapa más destructiva de su vida.

Coincidiendo con la inminente publicación de sus memorias, The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness, Murray ha concedido una reveladora entrevista a The Guardian en la que detalla cómo acabó atrapada en una secta de bienestar a los 27 años, un entorno manipulador que derivó en un grave brote psicótico y en su posterior internamiento médico.

"Es fácil decir: 'Bueno, eso nunca me pasaría a mí', pero nos hacemos un flaco favor cuando empezamos a decir eso, porque no lo sabemos", ha explicado la actriz de forma tajante al repasar sus errores.

"No tenía ni idea de que iba a pasar por ninguna de las cosas que aparecen en el libro. Habría dado por hecho que no podría, que estaba a salvo. Pensé: 'Soy inteligente. Tomo buenas decisiones'. Pues bien, tomé decisiones terribles", reconoce Murray, insistiendo en que "es importante entender por qué la gente hace estas cosas, en lugar de pensar: 'Oh, deben ser idiotas' o '¿Cómo puedes ser tan estúpido?'".

El inicio de su caída comenzó en 2017 durante el rodaje de la película Detroit, una filmación muy dura psicológicamente para ella. Desbordada, su entrenador personal le presentó a una "sanadora energética" llamada Grace en quien confió plenamente.

A partir de ahí, la actriz entró en una espiral adictiva de costosas lecciones, rituales y "limpiezas" estructuradas en forma de estafa piramidal que la despojaron de miles de dólares y de su propia libertad individual hasta que conoció al líder absoluto, un hombre llamado Steve.

Bajo los efectos de la manipulación y un alarmante insomnio, Murray experimentó una desconexión total con la realidad: "Mi mente era una mezcla de esas historias, de la idea de que había descubierto la verdad, que era que tenía un destino increíble. Yo iba a... Salvar el mundo. Podría volar. No quiero decir que esas historias sean malas ni nada por el estilo. Simplemente creo que nos alimentan con una dieta que nos hace desear esto".

Hannah Murray como Gilly en Juego de Tronos | HBO

El colapso definitivo sucedió durante un curso en un hotel de Londres, donde empezó a sufrir delirios y alucinaciones místicas combinadas con un dolor físico extremo. Al refugiarse presa del pánico en el baño, los miembros de la secta se agolparon a su alrededor al grito de: "¡Fuera, espíritu maligno de Hannah!", una dantesca escena en la que, recuerda, una parte de ella sabía que era "jodidamente gracioso".

Finalmente, fue ingresada de urgencia y permaneció bajo la Ley de Salud Mental durante 28 días en una unidad psiquiátrica especializada, donde recibió el diagnóstico clínico de trastorno bipolar.

"Fue un alivio. Existe un gran tabú en torno a la idea de las personas internadas en un centro psiquiátrico. Son intocables. Se sentía muy importante decir: 'Yo pasé por esto'. Mucha gente pasa por esto. Eso no significa que sean malas personas o que estén jodidas para siempre", confesó la actriz con sinceridad.

Hoy en día, Murray vive completamente alejada de la interpretación en un pequeño pueblo, celebrando la estabilidad de una vida tranquila volcada en la literatura.

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