LUCES Y SOMBRAS TRAS DAR A LUZ
En nuestra sociedad tenemos la idea de que después de parir la madre se siente feliz y llena de amor, pero la realidad es que el posparto es una de las etapas emocionalmente más intensas y complejas de la vida.
Cuando hablamos del posparto solemos centrarnos en el bebé, en la lactancia, en la recuperación física de la madre, pero pocas veces hablamos de lo que está ocurriendo a nivel emocional.
Tras el parto se produce una caída brusca de estrógenos y progesterona, junto con cambios en la oxitocina, la prolactina y el cortisol. Este "terremoto hormonal" tiene un impacto directo en el estado emocional. Por eso es tan frecuente el llamado baby blues, que afecta a más del 70% de las mujeres y se manifiesta con llanto fácil, sensibilidad extrema y cambios de humor. No es algo patológico, es una respuesta fisiológica del cuerpo a una transición enorme.
Hay una línea clara que como profesionales que acompañamos durante el posparto tenemos que vigilar: cuando las emociones dejan de ser fluctuantes y pasan a ser persistentes, intensas y limitantes.
Es importante pedir ayuda si aparecen:
Eso no es debilidad, es una señal de que necesitas sostén, y para ello existen profesionales que pueden acompañarte. El posparto no es una etapa física que dura 40 días. El posparto es una de las etapas más complejas y transformadoras del ciclo vital de la mujer, y también la más silenciada. El posparto es diferente en cada madre, y a veces puede durar incluso años. Y en esta etapa, las mujeres merecen ser acompañadas, escuchadas y no juzgadas.