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¿Un perro realmente puede morir de pena? Las verdades y mitos sobre su corazón
Separamos el mito de la verdad: ¿un perro puede morir de pena o es solo una creencia? Un especialista desgana el funcionamiento del corazón de nuestras mascotas.
Dicen que el perro es la mascota más fiel, un animal muy sentido que incluso puede llegar a morir de pena por la pérdida de un compañero. Pero, ¿qué hay de cierto en esta afirmación tan extendida? ¿Realmente su corazón se puede "romper" por amor o tristeza?
Aunque la cardiología en pequeños animales ha avanzado exponencialmente, todavía conviven con nosotros multitud de falsas creencias sobre la salud cardiovascular de perros y gatos. Alexis Santana, cirujano cardiovascular y especialista en cardiología intervencionista veterinaria, desmiente muchas de ellas.
Así les afecta la tristeza
La idea de que una mascota puede fallecer de pena absoluta pertenece más al imaginario popular que a la medicina. Tal y como aclara el especialista, en veterinaria no existe el diagnóstico del síndrome del corazón roto que sí se documenta en personas. Sin embargo, esto no significa que el impacto emocional sea inofensivo.
Un estado de tristeza profunda o de estrés continuado -como la ansiedad por separación, la pérdida de un compañero o una hospitalización- provoca picos en la presión arterial y en el ritmo cardíaco que pueden desencadenar arritmias o agravar seriamente una patología previa.
Por otro lado, los latidos de un perro poco tienen que ver con los nuestros y dependen drásticamente de su tamaño:
- Perros grandes: Pueden registrar un pulso de apenas 50 latidos por minuto en reposo.
- Razas pequeñas: Lo habitual es que se muevan entre los 80 y 90 latidos.
Una curiosidad: Tienen una arritmia natural ligada a la propia respiración que es totalmente normal y síntoma de salud.
¿Sufren infartos las mascotas?
A diferencia de los humanos, los infartos son raros en el mundo canino. Lo que más diagnostican los cardiólogos en perros son fallos o degeneraciones en las válvulas (especialmente la mitral), mientras que en los gatos predominan las patologías del propio músculo cardíaco.
Además, la genética juega un papel decisivo. Razas pequeñas como el Bichón maltés, el Yorkshire terrier, el Chihuahua o el Cavalier King Charles spaniel tienen una predisposición natural mucho mayor a desarrollar problemas valvulares a lo largo de su vida.
Las señales a tener en cuenta
"El gran problema es que las primeras pistas se suelen interpretar como algo propio de la edad o del carácter del animal, cuando en realidad el corazón está avisando", advierte Santana.
Hay tres síntomas cotidianos a los que deberíamos prestar atención:
- Perder el ritmo en los paseos: Que de repente se canse antes de tiempo, camine desganado o prefiera sentarse.
- Tos persistente: Aunque tendemos a pensar en un resfriado, cuando el corazón no bombea bien, puede generar congestión en los pulmones, provocando una tos que no remite.
- Noches inquietas: La dificultad para respirar suele acentuarse cuando el animal se tumba, impidiéndole conciliar un sueño reparador.
La boca y la prevención
Cuidar el motor de nuestro perro exige mirar más allá del pecho. Un factor clave y muchas veces olvidado es la higiene bucal: las bacterias de la boca y el sarro pueden pasar al torrente sanguíneo y alojarse en las válvulas cardíacas. Por eso, en la alta cirugía veterinaria es habitual exigir una limpieza dental previa para evitar infecciones en quirófano.
Detectar a tiempo un soplo inicial, controlar la hipertensión -que también existe en animales y daña sus riñones y vista- o ajustar sus hábitos es posible gracias a una simple revisión de rutina con el fonendoscopio.
Acudir al especialista ante cualquier cambio de conducta es la mejor garantía para asegurarles una vida larga, plena y con el corazón fuerte a nuestro lado.