VOZ EXPERTA

Formar una nueva familia cuando hay hijos de una relación anterior también necesita planificación

Las familias ensambladas son cada vez más habituales, pero su construcción suele quedar en manos de la improvisación. La mediadora familiar Ane Arieta explica por qué anticiparse, establecer límites y hablar claro es clave para proteger la convivencia y el bienestar de todos.

Una familia Magnific

Cuando pensamos en planificar una familia, nuestra mente nos lleva automáticamente a los métodos anticonceptivos, los calendarios de fertilidad y la decisión compartida de cuándo tener el primer hijo.

Sin embargo, en una sociedad en la que las rupturas sentimentales forman parte de la realidad de muchas parejas, este concepto se ha quedado pequeño. Las familias en las que uno de los miembros de la pareja, o ambos, tienen hijos de relaciones anteriores son cada vez más habituales y forman parte del día a día de muchos hogares.

Así pues, contamos con Ane Arieta, mediadora familiar, abogada y creadora del método STEP, quien nos lanza una reflexión incómoda, pero necesaria: "Planificar una familia hoy no termina cuando decides tener hijos, vuelve a empezar cuando decides rehacerla".

A partir de esto, la experta señala que "para tener un hijo, planificamos", pero que "para formar una familia ensamblada, improvisamos", dejando claro que "debería ser al revés". ¿Qué implica realmente construir una familia ensamblada? Analizamos las claves de la mano de la especialista.

Una familia | Pexels

Del "ya veremos" a la falta de certezas

La forma en la que afrontamos una primera etapa familiar y una nueva oportunidad después de una ruptura resulta llamativa. Para casarse o tener hijos solemos dedicar tiempo a hablar, tomar decisiones y prepararnos. Sin embargo, cuando dos personas deciden iniciar una convivencia en la que hay hijos de relaciones anteriores, muchas veces se deja todo en manos de la improvisación.

"Para casarnos o para tener un hijo activamos una conciencia y un compromiso: lo pensamos, lo decidimos, lo preparamos. En cambio, al formar una familia ensamblada muchas veces entramos en un ya veremos: si funciona, bien, y si no, lo dejamos, como si fuera una opción reversible", advierte Arieta.

Esta falta de certezas puede afectar a todos los miembros de la familia, especialmente a los menores. "Genera una inseguridad enorme en todos los miembros del sistema. Y es un sistema que, además, tiene que sostener más ruido exterior que cualquier otra familia: menos referencias, más prejuicios, más miradas ajenas", explica la especialista.

Una familia | Pexels

"Cualquier familia atraviesa conflictos, pero estas tienen que sostener, encima, todo ese ruido de fuera", añade. Por eso, la experta insiste en que "cuando hay menores de por medio, convivir ya es una forma de compromiso, aunque no lo digamos en voz alta".

El amor no lo puede todo

A menudo se piensa que el amor entre los miembros de la nueva pareja será suficiente para superar las posibles dificultades con los hijos o las exparejas. Sin embargo, la convivencia demuestra que el afecto, por sí solo, no basta cuando no existen unas normas y unos roles claros.

"Nos han vendido que el amor todo lo puede, y no es verdad. Una familia ensamblada no se construye solo desde el amor, sino desde la estructura: roles claros, límites coherentes, seguridad, coherencia y compromiso adulto", puntualiza la experta.

Una familia | Magnific

Arieta también insiste en que estas familias no deben entenderse como un modelo peor o incompleto: "Una familia ensamblada no es una familia de segunda categoría, es una realidad con sus propias dinámicas, aprendizajes y fortalezas. Lo importante no es solo cómo se forma una familia, sino cómo se cuidan las personas que la integran".

Anticipar antes de reaccionar

Para evitar que las dificultades de la convivencia terminen pasando factura, la experta considera fundamental trabajar antes de dar el paso y ser honestos con la situación: "La nueva pareja no suele crear el problema, lo revela. Hace de espejo. El verdadero reto es la falta de conciencia previa y todo lo que no se ordenó antes y ahora se intenta construir encima".

Reconstruir la vida sentimental después de una separación o un divorcio es una realidad cada vez más habitual. Por eso, afrontar la llegada de una nueva pareja a una familia con hijos requiere tiempo, diálogo y, sobre todo, conciencia de lo que implica este cambio para todos.

Una familia | Magnific

"No se trata de planificarlo todo ni de hacerlo perfecto, sino de dar este paso con la misma conciencia con la que planificamos otros: sabiendo dónde nos metemos, qué implica y qué necesita cada persona del sistema, empezando por los niños", concluye.