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Galicia

Una tromba de agua arrasa aldeas del oriente ourensano: “Necesitaremos paciencia y recursos”

Cuatro zonas de Viana do Bolo quedaron devastadas tras las lluvias torrenciales que durante la tarde de ayer arrastraron vehículos, abrieron boquetes en viviendas y dejaron algunas casas parcialmente soterradas.

La tormenta descargó con tal violencia que el agua no solo inundó calles y viviendas, sino que reorganizó el paisaje. Coches destrozados y amontonados unos sobre otros, casas con muros abiertos por la fuerza del agua y zonas enteras cubiertas por capas de barro y piedra.

En algunos puntos de Viana do Bolo, en Ourense, el escenario es de impacto. En una de las casas afectadas, los vecinos señalan un gran boquete abierto en la estructura, por donde entró el agua con fuerza, dejando el interior completamente inutilizable.

“Esto es más que ruina. Es un desastre”, resume José Manuel Rodríguez García al recorrer la zona. Habla de coches cubiertos de barro, calles irreconocibles y viviendas invadidas en minutos. “Nunca había visto algo así”, insiste, con la sensación de que el episodio supera cualquier experiencia previa, incluso en episodios de fuertes lluvias en invierno.

El testimonio se repite con matices similares entre los vecinos. Manuela y Agustín describen una tromba “que lo arrasó todo en minutos”, sin margen de reacción. Pilar, que vivió el episodio desde su casa, recuerda el momento con angustia: “Corría el agua por todas partes, daba miedo”. Su vivienda, como otras del entorno, ha amanecido cubierta de barro fino y residuos arrastrados desde las laderas.

Aldeas aisladas y daños devastadores

El impacto de las lluvias no se limitó al municipio de Viana do Bolo. En Monforte de Lemos, en Lugo, también se registraron inundaciones en distintos puntos urbanos tras la acumulación de agua en calles y bajos, lo que obligó a intervenciones puntuales de los servicios de emergencia para achicar agua y despejar zonas anegadas. La inestabilidad meteorológica afectó así a buena parte del interior de la provincia, con incidencias repartidas en varios municipios.

El panorama general es el de una devastación discontinua pero profunda: tramos de carretera desaparecidos bajo desprendimientos, casas parcialmente soterradas, muros derribados y vehículos desplazados varios metros hasta quedar encajados en pilas de escombros. En algunas aldeas, el acceso sigue bloqueado.

Además, la red viaria principal también sufrió cortes importantes. La N-120 quedó interrumpida a la altura de Vilamartín de Valdeorras debido a desprendimientos y acumulación de material arrastrado por el agua, lo que complicó aún más la movilidad en la comarca durante horas y obligó a desvíos en la circulación.

El alcalde de Viana do Bolo, Germán García-Ávila, define la situación con una imagen gráfica: “Esto es un paisaje lunar”. Explica que la tormenta, aunque breve, se vio agravada por la falta de vegetación tras incendios recientes, lo que facilitó que el agua descendiera con fuerza extrema arrastrando toneladas de material. “Hay acumulaciones enormes contra puentes y caminos; si vuelve a llover, el riesgo es serio”, advierte.

Más allá del análisis técnico, el regidor subraya la magnitud visual del desastre. “Es un crimen. Da ganas de llorar”, repiten algunos vecinos al contemplar el estado de sus calles. Otros intentan acceder a sus casas entre el barro aún fresco, con la sensación de que la recuperación será larga y compleja.

Sin víctimas personales, pero con daños materiales muy graves, el territorio afronta ahora una fase de limpieza que requerirá maquinaria pesada y coordinación institucional.

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