Eutanasia
Una superviviente de un ataque machista pide la eutanasia por las secuelas que arrastra: "No me reconocen como víctima"
Ainhoa considera injusto el trato institucional recibido tras sobrevivir a un ataque machista en Gran Canaria: "No quiero dinero; quiero recuperar mi salud y que se me diga claramente si puedo trabajar o no".
Una agresión que le ha cambiado la vida, unas secuelas que arrastra a diario y una administración que, según ella, la deja desamparada. Así describe su situación Ainhoa Caballero, de 28 años, que asegura haber sobrevivido a un ataque machista en Ingenio (Gran Canaria) y denuncia ahora un trato institucional que considera injusto.
Ainhoa cuenta que todo ocurrió tras un conflicto familiar. Según su relato, su pareja insistió en que bajara a la calle y, cuando lo hizo, la agredió con extrema violencia: golpes en el cuello y en la cabeza, la cabeza “descorchada” dos veces, y pisotones en la cara y el cuello. Habla de testigos que, siempre según su versión, vieron la escena e intervinieron. Ella recuerda que perdió la consciencia y que despertó en el hospital sin saber qué había pasado.
Desde entonces, explica que vive con consecuencias muy graves. Los informes médicos y forenses que menciona recogen hemorragias intracraneales, pérdida de olfato y gusto, daño auditivo en el oído izquierdo, luxaciones mandibulares, fracturas costales y un daño neurológico que afecta a su memoria y a su capacidad para organizarse. Ainhoa ha relatado a un equipo de Antena 3 que convive con cefaleas intensas y limitación respiratoria y que, aunque los médicos han planteado el uso de analgésicos opioides, teme que le resten aún más calidad de vida, por lo que intenta soportar el dolor.
Ese dolor y esas secuelas han impactado de lleno en su trabajo. Se formó en cocina y repostería y sostiene que su profesión exige estar físicamente bien, tener olfato y una buena memoria operativa para garantizar la seguridad. Ahora afirma que no puede oler alimentos en mal estado ni detectar el humo; asegura que ya ha sufrido un conato de incendio en casa. “Mi cabeza ya no funciona como antes”, resume, mientras explica que se apoya en pautas y recordatorios que, admite, no siempre bastan.
A todo esto se suma su sensación de desprotección institucional. Ainhoa dice que el juicio aún no se ha celebrado, que su presunto agresor continúa en prisión provisional y que ha tenido que presentar denuncias por presuntos quebrantamientos de la orden de alejamiento. Relata que, cuando ha acudido a servicios sociales, le han trasladado que no encaja en el perfil de “mujer maltratada” por tener empleo y que se le han negado prestaciones que considera necesarias. Son extremos que ella denuncia y que, subraya, agravan su malestar. “No quiero dinero; quiero recuperar mi salud y que se me diga claramente si puedo trabajar o no”, insiste. Lo que más le pesa, añade, es la sensación de tener que justificar una y otra vez su experiencia mientras percibe que “a él se le dan privilegios”.