Toledo
Vivía con cuatro perros encerrados. Ha sido enviado a prisión.
Esta historia es verdaderamente sorprendente. Todo empieza cuando la Policía detecta en redes sociales que una menor de edad quiere suicidarse. Consiguen evitarlo, pero lo que no esperaban era que se toparían con un depredador sexual. Tenia 200 conversaciones abiertas en chats con menores. Aunque tiene 28 años, se hacía pasar por un chico de 16 para conseguir videos y quedar con ellas.
Era un ciberacosador fantasma: sin DNI, con el carné de conducir caducado, y oculto en el piso de Madrid que se ve en las imágenes que acompañan esta noticia, repleto de basura y excrementos. Vivía con cuatro perros encerrados. Ha sido enviado a prisión.
El detenido presenta antecedentes por delitos similares y una requisitoria de ingreso en prisión por una sentencia de 2024, hecho que motivaba que viviera escondido y sin salir de su casa en el barrio de Moratalaz. Desde allí, consiguió captar al menos a cinco niñas, todas del mismo grupo de amigas residentes en Toledo.
Los investigadores de la Unidad Central de Ciberdelincuencia y de la UFA de Toledo han señalado en una rueda de prensa en el Consejo Policial de Canillas que "era un fantasma, vivía ocultando su identidad, no tenía nada a su nombre". Las víctimas residían en Toledo y eran niñas de entre 14 y 12 años con trastornos de personalidad.
Los especialistas de la Policía Nacional han alertado del incremento de alertas suicidas tramitadas por la Unidad Central de Ciberdelincuencia, con 126 casos en 2025. También ponen en valor la importancia de que nadie comparta imágenes comprometidas a través de las redes sociales con desconocidos. "En la red casi nadie es quien dice ser", han recordado.
Este 'groomer' usaba dos teléfonos móviles para hacerse pasar por un menor de edad para captar a menores vulnerables a través de las redes sociales para que le enviaran contenido sexual, llegando a ofrecer dinero a cambio. "Estaba 24 horas conectado", han indicado.
Cuando había conseguido ganarse la confianza de las víctimas, les pedía imágenes íntimas y videollamadas de carácter sexual, llegando a ofrecer a veces entre 100 y 300 euros si accedían a sus pretensiones. Una vez se hacía con las imágenes, las compartía con otros contactos si las niñas no accedían a quedar con él en persona.
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